Periodistas de a Pie

El periodismo ante la confusión

 

Publicado: 18.01.2017

Ilustración: Clases de Periodismo

María Teresa Juárez @tuyteresa

Hace algunos años en un taller para periodistas, Johan Galtung, experto en cultura de paz, dijo que el “papel del periodismo no era sólo informar o entretener. Habría que buscar un sentido ético a la información: qué se publica, cómo se publica, cuál es el sentido y objetivo de los datos que se comparten.”

Se dice que la información es poder. Valdría la pena cuestionarnos, ¿qué tipo de información, dirigida hacia qué público, a través de qué medio, posibilita tal poder?

Una de las premisas del periodismo es informar de manera oportuna, clara y verificada. En las escuelas de periodismo, en las redacciones y en los medios de comunicación, hay –o debería haber- una constante verificación de la autenticidad de la información que se difunde, como premisa básica de nuestra profesión. Pero no es suficiente, también habrá que recoger diversas posturas sobre un mismo tema, documentar, jerarquizar, redactar y nuevamente, publicar.

Es claro que el periodismo y en general los medios de comunicación se encuentran en una realidad distinta a la de hace 20 años.

En redes sociales encontramos un cúmulo de información, mucha de ella sin verificar: fotografías de un lugar y momento distinto al que se refiere en los mensajes -como el caso de la que publicó Radio Fórmula en el contexto de los saqueos que ocurrieron a principios de enero en el contexto del alza a los precios de la gasolina-; audios y textos que replican información sin una fuente clara, además de un sinnúmero de mensajes vía twitter: los llamados bots o usuarios fantasma.

También está la información que las personas comparten con familia y amigos: fotos, videos o textos de acontecimientos cotidianos como riñas callejeras, robos o atentados, como el caso de Francia, Turquía o Siria.

Ante este panorama, el objetivo del periodismo es algo más que verificar, ordenar y publicar información. Sin detrimento del papel que desempeñan las redes sociales y los usuarios, los periodistas tenemos el desafío de generar información original que sea útil a la sociedad. Información que sirva para tomar mejores decisiones, exigir cuentas a los funcionarios públicos, datos que sirvan para saber lo que sucede en la comunidad, colonia o municipio donde están las audiencias. Información que propicie diálogo y encuentro. Información que forme ciudadanía activa en la toma de decisiones de lo público.

Buscar, recibir, difundir y publicar información es el método básico para ejercer los derechos humanos a la información y libertad de expresión, pero convertirla en producto informativo después de un contraste y análisis del material, es lo que diferencia al buen periodismo del resto de las iniciativas.

Y una cosa es cierta: si bien la información es un bien público y los periodistas somos parte del circuito de la comunicación, la información no nos pertenece, pero como mínimo piso ético, deberíamos ser responsables de lo que validamos y publicamos.

En el contexto de crisis económica, política y de seguridad en que se encuentra el país, con los efectos negativos de la militarización de la seguridad en nombre de preservar la paz social, los periodistas requerimos algo más que verificar información.

Es necesario poner en práctica el código ético respecto a lo que se difunde y cómo se difunde. Es responsabilidad de los periodistas dejar de llamar “vengadores” a las personas que toman la justicia por cuenta propia ante la creciente violencia social. Es responsabilidad del periodismo ofrecer nuevos formatos y narrativas para el consumo de la información, y en el caso del periodismo social, es importante el enfoque de los derechos humanos.

La información por sí sola, desprovista de verificación, veracidad y contexto puede llevar a un colectivo o una sociedad entera, a tomar decisiones basadas en el miedo, la confusión y la incertidumbre.

Hoy sabemos que parte de la información difundida a través de redes sociales y whatsapp sobre los saqueos en los primeros días de enero, tenía la intención de causar pánico y confusión entre la población.

Periodistas y medios tenemos frente a nosotros la responsabilidad de difundir información que nos permita tomar mejores decisiones.

Nuestra labor será compartir, verificar y proponer un periodismo que aporte más y mejor información, aquella en la que seamos capaces de vernos interpelados como una sociedad, que ante un momento tan crítico como éste, es capaz de tomar las mejores decisiones, o por lo menos, intentarlo.

Si como periodistas favorecemos a ello, démonos por bien servidos. 

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