De las condiciones sociales y laborales al fortalecimiento de la ética periodística
Por Estela Margarita Torres Almanza
Publicado: 01.07.2011
Coordinan: Marcela Turati, Elia Baltazar y Daniela Pastrana
Lugar: Cencos, Medellín 33, col. Roma Fecha: 26 de febrero
Organizadores: Periodistas de a Pie
Participantes: Alejandro Almazán, Alejandro Páez, Anabel Hernández, José Reveles, Javier Valdez, María Idalia Gómez y Marcela Turati.
Lugar: El Vicio
Fecha: 2 de marzo de 2011
Organizadores: Periodistas de a Pie
Video
Lugar: Cencos
Fecha: 4 de mayo 2011
Organizadores: Periodistas de a Pie
Ponente: David González, (FLIP)
Lugar: Cencos
Fecha: 27 de mayo de 2011
Organizadores: Periodistas de a Pie, FLIP y Cencos
Maestro: Carlos Martín Beristáin
Lugar: Cencos
Fecha: 11 de junio
Organizadores: Periodistas de a Pie
Relatoría
Fecha: 20 de junio de 2011
Alan García Campos
Relatoría
Fecha: 20 y 21 de agosto 09:00-19:00 hrs.
Imparte: Judith Matloff
Lugar : México D.F. Cencos. Medellín 33 Col. Roma
Relatoría
Cobertura de violencia y sus víctimas, desde los Derechos Humanos.
Imparte: Marcela Turati
Lugar: Cencos, Medellín 33, col. Roma Fecha: 10 de septiembre de 2011
Organizadores: Periodistas de a Pie
Relatoría
Imparte: Daniela Rea
Lugar: Cencos, Medellín 33, col. Roma Fecha: 24 de septiembre
Organizadores: Periodistas de a Pie
Relatoría
Presentan: Elisa Gómez (FES),Omar Rincón (Editor), Marcela Turati y Daniela Pastrana
Lugar: Sala Renato Leduc. Club de Periodistas de México (Filomeno Mata No. 8, Centro Histórico)
Organizadores: Fundación Friedrich Ebert y su Centro de Competencia en Comunicación para América Latina
Relatoría
Impartido por especialistas de FUNDAR
7 de octubre 2011
Relatoría
Impartido por Martín Pérez (REDIM), Gerardo Sauri (CDHDF) y Daniela Pastrana (PdP)
8 de octubre 2011
Relatoría
Impartido por especialistas de FUNDAR
14 de octubre
Relatoría
Feria Internacional del Libro de Guadalajara
27 de noviembre de 2011
Relatoría
Impartido por Alberto Salcedo, FNPI Colombia
6, 7 y 8 de diciembre 2011
Invitación
9 y 16 de diciembre 2011
Ponentes: María Idalia Gómez (SIP), Jorge Luis Sierra (ICFJ), Juan Carlos Romero (ArtXIX), Elia Baltazar y Daniela Pastrana (PdP)
Enlace
Publicado: 22.05.2011
Desde aquella tarde que Gloria Lozano vio a su único hijo rafagueado en un terreno baldío junto a los cuerpos de otros 12 cuerpos jóvenes –entre ellos un papá primerizo abrazado a su bebé, todos víctimas de un comando de sicarios–, ni ella, ni las demás familias de los “mártires de Creel”, volvieron a ser las mismas. En su lucha por la justicia las familias han bloqueado carreteras, realizado marchas, acudido a radiodifusoras, arrastrado ataúdes de cartón por las calles, suspendido actos gubernamentales, tapizado los comercios con los carteles oficiales que ofrecen recompensa por entregar a los sicarios, correteado al gobernador, al alcalde y a cuanta autoridad policiaca se asoma por este lugar y, en una maniobra que a ellas mismas las sorprende, detuvieron el tren que llevaba turistas a las Barrancas del Cobre. Hace tiempo se convirtieron en investigadores: ya saben quiénes mataron a sus hijos.
La cobertura masacre ocurrida en el pueblo de Creel, en el estado de Chihuahua, se convirtió para mí en un parteagüas de mi cobertura semanal, sistemática, de los efectos sociales de la violencia inaugurada oficialmente en México desde 2007, cuando los cárteles del narcotráfico y su persecución en las calles por parte del ejército nacional convirtió al país en un campo de batalla y a muchos periodistas en corresponsales de la guerra doméstica.
En esa comunidad serrana chihuahuense donde los 13 jóvenes fueron asesinados en agosto de 2008 descubrí una nueva clase de personas –temerarias, valientes, con ánimos de justicia—cuyo dolor las obligó a salirse del patrón de las víctimas que había visto en otras asignaciones: paralizadas por el miedo, avergonzadas por el estigma, frustradas por la impotencia.
Desde entonces me puse como asignación intentar descubrir en medio de las desgracias que me han tocado cubrir a las personas que aún con el corazón arrasado, la vida arruinada o el ataúd en la sala tienen la fortaleza para organizarse; a quienes comparten su dolor para sanar a otros; a quienes salen a las calles a recuperarlas para los ciudadanos.
No ha sido fácil. Se logra pocas veces. Se requiere de mucha observación y paciencia. Y, sobre todo, transitar antes por los caminos de la parálisis, del miedo, de la impotencia, de la fatalidad; tocar mucho dolor para denunciarlo; improvisar y hasta equivocarse.
Antes de seguir quiero explicar cómo ha evolucionado la cobertura periodística en México. Porque así como el tifón de la violencia nos sorprendió a todos los mexicanos, nos encontró a los periodistas impreparados, pasmados y desconocedores de los nuevos códigos de sangre en los que exterminar al otro es la meta, donde la saña es el mensaje y se expresa a través de cuerpos decapitados, calcinados, desaparecidos, disueltos en ácido, ejecutados, torturados, masacrados.
La emergencia nos obligó a improvisar la cobertura de la mejor manera que pudimos.
Lo que se hizo durante mucho tiempo fue el conteo de muertos, que en las redacciones llamamos “el ejecutómetro”, que es la estadística diaria de muertos con las que los reporteros de la fuente policiaca reflejaron los inicios de la tormenta de sangre.
De pronto, era tanta la violencia, que algunos reporteros que siempre nos prometimos que nunca íbamos a cubrir noticias sobre narcotráfico de pronto ya estábamos en las escenas de los crímenes, entrevistando a testigos o sobrevivientes, acudiendo a los velorios, pescando datos de los muertos para confeccionar una escueta biografía de las víctimas o reconstruyendo la masacre para “cronicar el horror”.
Pero se llegó a un punto en que la pila de muertos se volvió infinita, en que cada matazón se parecía a la anterior, en que seis noticias terribles competían por la primera plana del diario, que la cobertura debía hacerse de una manera distinta a la reactiva. Era el momento de tomar la agenda, quitársela a los violentos que la fijan, para devolverle sentido a la vida, dignidad a las víctimas y poder a los ciudadanos. Esto es: alumbrar lo que ocurre con la luz de los derechos humanos. A lo que yo llamo, periodismo que denuncia lo que ocurre y anuncia lo que puede ser cambiado.
Hacer una cobertura periodística responsable que tenga a los derechos humanos como carta de negociación, sin embargo, es un ejercicio complicado que se diseña cada día, al calor de la nueva emergencia y llevarlo a buen término requiere constante entrenamiento, técnica, educar la mirada, aprender a leer los procesos, construir un discurso distinto, dominar el miedo y trabajar para que no se nos oxide la indignación y la esperanza.
Esta es la apuesta de un grupo de reporteros mexicanos que desde 2006 –antes sospechar siquiera que México se convertiría en una balacera– comenzamos a agruparnos en lo que después llamamos la Red de Periodistas Sociales “Periodistas de a Pie”.
Nuestra primera intención para reunirnos era adquirir habilidades de investigación, escritura, planteamiento informativo y nuevos conocimientos que nos permitiera empoderar en los medios de comunicación para los que trabajamos las notas sociales (salud, educación, derechos humanos, ecología, migración, las tendencias sociales, etc…) que para nosotros es información vital que le permite al ciudadano entender por qué le pasa lo que le pasa, pero para los directivos siempre son las notas de relleno. Porque los espacios los tienen copados las notas políticas, judiciales, económicas, los espectáculos o la publicadad.
Para reforzar nuestro trabajo empezamos a contactar a expertos en desarrollo social o periodistas destacados de otros países que estaban en México de paso, a quienes interceptábamos, los llevábamos a cenar o a desayunar a cambio de que nos dieran una charla. Que, siempre, inevitablemente, terminaba en cómo hacer una cobertura con enfoque de derechos humanos.
A partir de 2007, varios del grupo fuimos enviados al frente de batalla. A mí me asignaron la cobertura de Ciudad Juárez, el epicentro de la violencia mexicana, que desde entonces se convirtió en la ciudad que más muertos produce en el mundo. Confieso que varios no sabíamos los nombres de los cárteles de la droga que disputaban terreno, pero sí teníamos entrenamiento para detectar los fenómenos que provoca la violencia en la sociedad.
Así, varios empezamos a describir las desgracias de los pueblos pobres obligados al cultivo de amapola, la tragedia del juvenicidio (jóvenes que matan jóvenes), el drama de los pueblos exiliados por la violencia, las denuncias de los presos que fueron torturados para autoinculparse como sicarios, el aumento a las violaciones de los derechos humanos. A las redacciones no tardaron en llegar personas con fotos en la mano, del familiar desaparecido por el ejército, la policía, los narcos o por causas desconocidas que después se convirtieron en multitud.
La emergencia nos obligó a reforzar las capacitaciones: en La Red organizamos cursos sobre los riesgos de la militarización, la cadena del narcotráfico (desde el cultivo al consumo), los temas sociales que cruzan con los de la seguridad, la experiencia del conflicto colombiano, cómo entrevistar a niños traspasados por la violencia, cómo protegernos o de qué manera se defiende la libertad de expresión.
Y así, avanzamos a contramano del discurso oficial que anuncia como victoria el asesinato de más 28 mil mexicanos en esta guerra, y que el 90% de ellos lo merecía porque eran narcotraficantes. También fuimos a contracorriente del lenguaje de la muerte de los narcotraficantes que elaboran un performance macabro con los cuerpos de sus rivales para infundir más terror y que pretenden despojar de toda humanidad a sus víctimas.
En esta encrucijada, varios periodistas nos aferramos a dar rostro a las cifras de muertos, a rescatar sus historias, saber qué edades tenían, dar a conocer el impacto que su ausencia causa en su familia, en su barrio, en la comunidad y por qué esa nueva muerte tendría que dolernos (o al menos preocuparnos) a todos.
Claro que llega un momento en que la anécdota individual se agota, que la sociedad no está dispuesta a seguir tragedias personales. Esto que nos obliga a construir de manera distinta los relatos y sumar las tragedias individuales para darles la dimensión de fenómeno social.
“¿Quién hizo la tarea”, pregunta al inicio de la sesión la psicóloga que conduce el grupo. Ninguno de los alumnos se anima a responder. Se mantienen silenciosos en las bancas. Ella les recuerda que la tarea consistía en regalar la ropa de su difunto para avanzar en el proceso de duelo. O al menos intentarlo.
De entre el público, una mujer comenta que a ella le “dio cosa” regalar los trajes caros que se compraba su hijo, un policía que se distinguía por su elegancia y pulcritud, hasta que lo rafaguearon. El comentario da pie a que un anciano pregunte si está mal platicar todos los días con la foto del hijo que le balearon en la calle. Una obrera confiesa que no se anima a deshacerse de las pertenencias de su esposo porque sigue desaparecido, pero que se sintió bien al regalar las de su hijo asesinado, para que otro las aproveche.
Las terapias del duelo en Ciudad Juárez fue uno de los reportajes donde reflejé los talleres de un colectivo religioso recién organizado para sanar a las familias a las que la violencia les había arrebatado a uno o varios familiares. Esa sirvió como un espejo, doloroso, en la que reflejaba el profundo daño social.
Durante un año y medio pregunté a cada una de las organizaciones sociales si habían creado algo para las familias de las miles de personas asesinadas en la ciudad, pero ellas me respondían que la violencia los rebasaba, los tenía pasmados. Lo descubrí cuando leí un letrero en una calle que invitaba a las familias en duelo a talleres en una iglesia.
En todos los conflictos armados, abundan las víctimas y debemos de hallar la manera de explicar por qué su sufrimiento concierne a la sociedad entera. Desde el inicio, gracias a las capacitaciones que recibimos de los colegas colombianos y por nuestra formación en temas sociales, los reporteros de La Red optamos por visibilizar a las víctimas porque los violentos siempre tienen espacio asegurado en los medios de comunicación, siempre tienen reporteros detrás cubriendo sus pisadas y siempre son los protagonistas.
Tocar el dolor ajeno es una tarea delicada, para la que se requiere preparación, paciencia y tiempo. Las personas que han sido víctimas de la violencia muchas veces tienen miedo, no quieren hablar o ven a los periodistas como buitres de la desgracia ajena.
También se requiere evitar construir en el imaginario de nuestros lectores la idea de todas las víctimas como indefensas, carentes de opciones y de derechos. Por eso es importante visibilizar a las personas de otra talante, las que tomaron el timón de su desgracia y, a contracorriente, exigen que sus derechos les sean restituidos o se organizan para ayudar a otros.
Se requiere un reporteo sistemático y de largo plazo para detectar los momentos en que los ciudadanos se organizan, pierden el miedo y resisten con dignidad. No hay lugar donde no surjan colectivos de madres en busca de sus hijos desaparecidos, familias unidas en la investigación del asesinato de sus miembros, estudiantes conectados a través de tuiter que se oponen a la violencia o artistas que salen a la calle con misión de recuperarla como espacio para los ciudadanos.
Al visibilizar sus actividades (cuidando no ponerlos en riesgo) abrimos una ventana de esperanza en momentos en los que pareciera que no queda más que esperar. Con esas historias logramos que la población recupere la autoestima, se reconcilie con su situación, busque a otros para trabajar en colectivo y damos otro rostro de las víctimas como individuos que, pese a la tragedia, no están vencidos.
El costo en vidas por la violencia ha sido tan alto que no hay guarderías, salones de clases, talleres de verano, clases de catecismo o torneos deportivos a los que no se asomen los hijos o hijas de las personas asesinadas. A donde no lleguen los llamados “huérfanos de los ejecutados”, que irrumpen como un nuevo colectivo de fácil ingreso.
Son tantos que reciben terapias colectivas. Para ellos, organizaciones como Casa Amiga han creado ejercicios terapéuticos específicos como el siguiente, que guía una psicóloga que, en medio de una relajación, les dice: “…ahora, así, acostadito como estás, con tus ojos aún cerrados, tu cuerpo ya relajado, trae a la mente a tu papá… el momento que te enteraste de su muerte… siente tu propio corazón… ¿Cómo está ese corazoncito? ¿Qué sintió? ¿Qué carita puso?…».
Cuando los conduce a la salida del sueño profundo, la terapeuta les sugiere que dibujen lo que visualizaron y en los papeles van surgiendo corazones cortados, otros envueltos en lágrimas, algunos maltrechos por profundas cicatrices. Entonces les propone curarlos y ellos van colocando curitas, cintas adhesivas, kleenex, florecitas. Los colorean hasta dejarlos bonitos. Hasta que remiendan algo de las cicatrices que les lastiman el alma.
El reportaje de las terapias para niños y niñas huérfanos por la violencia movió a 60 psicólogos chihuahuenses a crear una red de terapeutas dedicados a aliviar el dolor social por la sobreexposición a la violencia, que se estrenó –dos meses después– atendiendo a la recién creada red de familias con miembros desaparecidos.
Las dos redes fueron noticias esperanzadoras dentro del contexto de desolación que se vive en muchas regiones del país: la última es de madres de los jóvenes desaparecidos, que junto con activistas de derechos humanos, se intercambiaron tips legales y psicológicos, y estrategias de lucha política y ante tribunales internacionales, para continuar la búsqueda y obligar al Estado a investigar a los desaparecidos.
De la misma manera como los cárteles mafiosos se internacionalizan, buscan aliados por el mundo, socializan métodos para seguir haciendo negocios y trasnacionalizan sus conocimientos, así estos ciudadanos que he encontrado en mi cobertura intercambian estrategias de acción y sobrevivencia.
Los periodistas somos clave en este proceso de empoderamiento ciudadano, ya que visibilizando a los actores que provocaron el cambio (cuidado no ponerlos en riesgo) y exhibiendo las estrategias que han dado resultado, podemos colaborar a quitarle a la gente la parálisis del miedo y brindamos herramientas para la construcción de un mañana distinto.
Este artículo fue publicado en el número de Primavera de 2011 en la Revista de las Américas de la Universidad de Harvard, bajo el título: Building Justice through Journalism. Se puede leer completo en el siguiente link: http://www.drclas.harvard.edu/publications/revistaonline/spring-summer-2011/ashes-violence
Publicado: 02.05.2011
LA RED DE PERIODISTAS DE A PIE
Invita al Seminario-Taller
Técnicas narrativas y de investigación para la cobertura periodística de conflictos armados o en zonas de conflicto
Impartido por Ginna Morelo, periodista colombiana experimentada en el cubrimiento de la violencia paramilitar en Colombia.
¿Cuáles son los riesgos que debe considerar un periodista al cubrir un conflicto armado? ¿cómo investigar sin preguntar? ¿debe cruzarse la línea de fuego? ¿cómo abordar a las víctimas, a los victimarios y al Estado?
Durante el Seminario-Taller, Ginna Morelo compartirá sus conocimientos sobre cómo cubrir un conflicto armado, el uso de la observación como una técnica metodológica, revisará los riesgos a los que se puede estar expuesto y las oportunidades informativas que se pueden aprovechar. Además enseñará técnicas de entrevista para acercarse a la experiencia de las víctimas y herramientas narrativas para escribir sobre ellas.
Fecha: Miércoles 4 de mayo
Horario: 9.30-14 hrs.
Lugar: Medellín 33, Col Roma (entre Puebla y Sinaloa).
Cuota de recuperación: $50
Ginna Morelo es presidenta de Consejo de Redacción, organización que promueve el periodismo de investigación en Colombia; editora general de El Meridiano de Córdoba, ganadora del premio de periodismo Simón Bolivar y autora del libro Tierra de Sangre, memoria de las víctimas.
Si estás interesado en asistir aparta tu lugar!
Envía tu nombre y medio a [email protected]

“Desconferencias” sobre el periodismo como marca, la responsabilidad social, herramientas digitales, libertad de expresión, transparencia y todo lo que tu propongas! El formato es sencillo: todos participamos y el contenido es el que nosotros decidamos!
Sábado 9 de abril, de 9 a 18 horas en el Laboratorio de Convergencia Digital de la UIA (Edificio A, Planta Baja). Más informes en: [email protected] y 59504000 ext. 4049
Publicado: 24.03.2011

El 9 de abril en la UIA
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Sábado 9 de abril, de 9 a 18 horas en el Laboratorio de Convergencia Digital de la UIA (Edificio A, Planta Baja). Más informes en: [email protected] y 59504000 ext. 4049
Publicado: 24.03.2011

El 9 de abril en la UIA
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Publicado: 02.03.2011
Escritores y periodistas comparten sus puntos de vista y experiencias de trabajo en el contexto de narcotráfico en México. (fragmentos)
Teatro Bar El Vicio, Ciudad de México, 2 de marzo de 2011.
Cortesía de Prometeo Lucero

Publicado: 17.02.2011

Publicado: 14.01.2011
“ESTA ES LA CRONICA DE ESTE FIN DE ÉPOCA. DEL MEXICO VIOLENTO, DEL FENECIMIENTO DE UNA ETAPA CRUENTA, Y EL MÉXICO EMERGENTE QUE NO TERMINA DE NACER […] EL LIBRO DE MARCELA MUEVE, ESTRUJA. ESTÁ HECHO PARA EXPLICAR HASTA DONDE HA ENRAIZADO LA CULTURA DE LA VIOLENTA MUERTE.” (DEL PROLOGO DE ROBERTO ZAMARRIPA)
Sinopsis:
Un número frío, indiferenciado, suma a los caídos por la llamada “guerra contra el narcotráfico”, pero en la periferia de la contabilidad oficial se esconden las historias de cientos de niños, mujeres y hombres, nuevos huérfanos (de padres y autoridades), viudas, familias en la indigencia, personas desaparecidas, pueblos exiliados por el miedo o que lidian con sus pesadillas, así como jóvenes que no tienen más opciones que engrosar las filas del crimen organizado o campesinos convertidos por hambre en productores de cultivos ilegales, entre otras expresiones anónimas del llamado “daño colateral”.
Las historias relatadas por Marcela Turati hablan de las sombras del mayor conflicto armado de los años recientes en México: por un lado, las penumbras de la desinformación oficial de lo que los números esconden (más allá de las muertes contabilizadas), y por otro, el ocultamiento de las propias víctimas debido al estigma al que las condena el discurso oficial que las convierte en sospechosas de su desgracia.

Colecta navideña para apoyar a nuestros colegas en exilio
El juicio dura un año y durante ese tiempo no pueden tener un empleo formal. Se han visto obligados a hacer todo tipo de ‘chambas’ para mantenerse. Están solos, sin dinero, en un país extranjero y necesitan mucho apoyo.
Son siete periodistas mexicanos que han salido del país por amenazas –todos del norte del país– y buscan cobijo en Estados Unidos o Canadá. Dos de ellos, Horacio Nájera (corresponsal de Reforma en Ciudad Juárez) y Jorge Luis Aguirre (director de lapolaka.com) recibieron este año el asilo, y no hemos podido entrar en contacto con dos fotógrafos de Juárez recién exiliados. Pero a todos ellos enviamos también nuestra solidaridad.
Quienes deseen participar en la colecta navideña por nuestros compañeros Alejandro, Emilio y Ricardo actualmente en el exilio depositen:
Scotia Bank a nombre de Red de Periodistas Sociales
Cuenta 9379231
CLABE INTERBANCARIA: 044180001093792310
Los donativos deben realizarse a más tarde el 29 de diciembre de 2010*
Las siguiente líneas fueron escritas por los colegas, a quienes hoy queremos apoyar y que necesitan de toda nuestra solidaridad:
Alejandro Hernández Pacheco (Televisa-Laguna). Se llevó al exilio a su esposa y dos hijos, de 12 y 5 años, uno de los cuales es autista. “Como deben acordarse, dos compañeros y yo fuimos secuestrados hace cuatro meses en la ciudad de Gómez Palacio, Durango, cuando cubrían la noticia de los reos que salían por las noches del Cereso. Nuestros captores nos golpearon en la cabeza, piernas y rodillas para que no escapáramos, nos torturaron psicológicamente y después nos liberaron. Decidí huir con mi familia y pedir refugio en este país porque el gobierno nos exhibió como trofeo de caza en una rueda de prensa y recibimos llamadas de amenaza en nuestra casa por haber contradicho a (el secretario Genaro) García Luna de que la Policía Federal no nos liberó, además de que mintió al decir que nos protegerían. Con Televisa hasta el día de hoy no he tenido contacto, no sé qué pasó. Acá tenemos prohibido trabajar hasta que nuestro caso se resuelva, así que Emilio, Ricardo y yo hacemos ‘chambas’ a lo que no estamos acostumbrados, pero eso no es lo malo, lo malo es que no encontramos todos los días. Vivo con mi esposa y mis dos hijos, de arrimado. Dejamos todo, llegamos prácticamente sin nada, sin ropa, sin dinero. La situación acá es muy difícil porque mi hijo necesita medicamento, se me está agotando, pero yo no quería exponer a mi familia allá en México. El apoyo que logren reunir es valiosísimo porque es de corazón”.
Emilio Gutiérrez Soto (El Diario, en Ascensión, Chihuahua) Vive con su hijo. “Huí con mi hijo por el inminente asesinato planeado en mi contra por parte del Ejército. Cruzamos a Estados Unidos para salvar nuestra vida. Estuve detenido siete meses y medio en una prisión para inmigrantes ilegales en El Paso, y El Diario, la empresa para la que trabajé 12 años, me desatendió por completo y ni siquiera recibieron los muchos recados que les llevó mi abogado. Casi un año después me contrataron tres meses, en una evidente señal de “cubrir apariencias” de solidaridad. El 21 de enero próximo estaremos en nuestra cita final del proceso de solicitud de Asilo Político. Mi hijo y yo tenemos confianza de una decisión favorable ya que hemos presentado un montón de pruebas por los delitos cometidos en nuestra contra por parte del Ejército Mexicano, las quejas sin respuesta y tendenciosas de la CNDH, y ya no hay alternativas de retorno. Vivimos de milagro: vendí la casa que teníamos en Ascensión, Chihuahua, y con ese dinero hemos sobrevivido los últimos 8 meses. Pero ya se acabó. Ha sido un proceso más que doloroso. De corazón, mi hijo y yo, les agradecemos lo que puedan hacer por nosotros. Sus oraciones son un aliciente que nos ha dado fortaleza”.
Ricardo Chávez Aldana (Radio Cañón, Ciudad Juárez) “La situación de nosotros es difícil: no podemos trabajar debido a que Inmigración nos revisa constantemente y no permite que rompamos las reglas. Mi problema empezó hace dos años cuando era locutor de la radio por mis críticas constantes en contra del Operativo Conjunto Chihuahua y el crimen organizado me empezaron a amenazar diciéndome que me callara. No hice caso. Entonces quisieron quemarme mi vehículo, a los dos meses asesinaron a dos sobrinos míos en una fiesta ante nuestros propios ojos. En ese momento mi esposa, mi hermana y mis cinco hijos fuimos al Puente Internacional de las Americas a solicitar asilo político, nos retuvieron toda la noche. Esa es la situación. Les agradezco el apoyo a mis compañeros y a mí por su ayuda”.
*La cuenta fue abierta para recibir los donativos. Para asegurar la transparencia de la entrega se pedirá a reconocidos reporteros de Ciudad Juárez que entreguen el dinero en la mano de los periodistas que viven en El Paso, Texas; además la Red de Periodistas de a Pie escaneará los movimientos de esa cuenta y subirá el estado de cuenta a su página de Internet. Las personas que quieran entrar en contacto con Alejandro, Emilio y Ricardo pueden hacerlo a través del correo del despacho de su abogado Carlos Spector al mail: [email protected]