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Periodistas de a Pie :: Sin Censura. Noche de farra periodística – cabaretera

Publicado: 14.07.2011

De la tragedia cotidiana a la comedia nocturna, periodistas y cabareteros debaten: ¿quién sobrevivirá el sexenio?
14 de julio de 2011

Periodistas de a Pie :: Cobertura de la violencia: Taller con Carlos Beristain

Por: RedacciónPublicado: 01.julio.2011

Ponente: Carlos Martín Beristain
Facilitadora de la sesión: Marcela Turati
Relatoría: Adriana Franco
México, D.F. 11 de junio de 2011

  1. VÍCTIMAS

La experiencia de las víctimas

  • El miedo a hablar es el primer obstáculo para entrevistar a una víctima. La confianza no es algo fortuito, se construye. La víctima puede poner varias pruebas para valorar la confiabilidad, porque no saben si entienden o no lo que les sucedió. Si el periodista muestra una actitud exagerada la víctima no le contará el resto.
  • El miedo a morir y no saber por qué. Cuando sucede un hecho traumático, las víctimas buscarán saber que pasó y el porqué, tratarán de situar en su experiencia y en su manera de entender la vida lo que sucedió.
  • Confusión o parálisis. La víctima puede sentirse culpable. La culpa es una forma de dar sentido a lo que no lo tiene o de ganar control ante una situación impredecible.
  • El sentido de seguridad. La capacidad de control que nos permite no estar paranoicos todo el día se ve afectada en una situación de violencia.
  • El impacto traumático depende del tipo de hecho, las circunstancias y la forma en que lo asimiló. No es la misma fase de shock en una catástrofe que en un hecho violento. Si hay una respuesta social de apoyo a las víctimas o al contrario, incluso la víctima tiene que callar por la violencia social y la estigmatización. La diferencia entre una catástrofe y la violencia es que las primeras producen más fatalismo y afectan a las poblaciones pobres, en cambio la violencia afecta más a la persona, como individuo.
  • Si la cobertura es sobre un hecho que acaba de pasar el tipo de reacciones serán diferentes. Hay momentos en que el impacto será muy grande y posteriormente tratará de volver a la normalidad y retomar el control, adaptarse para sobrevivir al contexto, este es el momento en el que las víctimas se sentirán más solas, porque cuando se acaba el foco informativo el problema continúa.

Memoria y Derechos Humanos

  • La primera regla es no vulnerar a la víctima. Es necesario el reconocimiento de los impactos, individuales y colectivos que marcaron un antes y un después
  • Las víctimas no sólo son personas que sufren, también tienen ideas, expectativas, respuesta ante los hechos. Hay que cuidarnos de no convertir a la víctima que ha sido objeto de desprecio en un sujeto de conmiseración, sino en alguien que vivió una violencia inaceptable.
  • ¿Qué es lo que la víctima espera de los periodistas? En el trabajo con las víctimas hay
  • que ser congruente. La congruencia de nuestro comportamiento es muy importante para ganar credibilidad ante ellos.
  • Si la propuesta de investigación sintoniza con el tiempo de hablar. Hay casos en que cualquier cosa que le recuerde el hecho puede convertirse en un evento traumático. Hay una movilización de las emociones en la víctima porque le estás recordando lo que sucedió, es como si volviera a vivirlo. A veces es necesario dejar cierto tiempo de cierre, cortar la grabadora y hablar con la víctima.
  • Hay cosas para las que tenemos capacidad de respuesta y otras para las que no.
  • Sentimiento de abandono, pérdida o riesgo en el que se queda la víctima y para la que poco podrás hacer.
  • Escribir es una forma de devolver a la víctima lo que te ha contado. Al menos en las cosas que dependan de nosotros hay que hacer las cosas de una manera distinta.

Las circunstancias

  • La víctima puede pensar que se volverá loca, que jamás se recuperará, son reacciones normales frente a experiencias anormales. Son mecanismos de adaptación a los hechos amenazantes, que nos han llevado a situaciones extremas de la vida en las que se pierde sentido de casi todo lo que se pueda decir.
  • El hecho traumático o la victimización no debería ser considerado un estigma. Víctimas que se sienten como méndigos, debido al sistema de ayuda del gobierno y ONG’S, que en lugar de ayudarlos marcan a las víctimas.
  • Hay que cuidar el trabajo periodístico que redunde en la estigmatización de las víctimas, que no sean objetos sino sujetos que están tratando de sobreponerse a su situación. Las víctimas quieren decidir, participar, movilizarse para retomar el control de su vida.
  • El conflicto es un proceso de asimilación del hecho traumático. La confusión es un estado mental muy negativo para la víctima y no te permite situarte en el trabajo y en el contexto de la investigación. Tenemos que tener la capacidad de dar sentido a la experiencia.
  • El periodista que entrevista víctimas tiene que cambiar la manera de trabajar para no generar dependencia y ayudar a la gente a ponerse de pie. Hacer un trabajo profesional, no con base en el interés de la empresa periodística. El tema es cómo abrimos un espacio favorecedor con las víctimas, cómo hacer el trabajo de investigación, no llegar y pretender hablar de inmediato, generar un espacio favorecedor, terapéutico, que brinde confiabilidad, intimidad, no puedo preguntarle a la víctima en el pasillo o en plena calle. El impacto será mucho más positivo.
  • Cuando hablamos de la víctima, hablamos del impacto y del afrontamiento. El 90 o 95 por ciento habla del impacto, pero hay poca investigación sobre cómo la víctima puede recuperarse. La ideología puede ser un elemento de afrontamiento, ya que personas con ideologías arraigadas sobreviven mejor a un hecho violento.

Cómo las víctimas afrontan la situación

Adaptativa o no adaptativa

  • Qué es lo que a una víctima le ayuda a sobrevivir o defender su integridad en medio de un hecho traumático. La religión, la ideología, la fantasía o hacerse el duro. Pero si se hace el duro cuando regrese a casa qué le pasará, internalizará su dolor, no podrá reconstruir el apoyo familiar. Ante la desconfianza extrema deberá retomar las relaciones de confianza con ciertas personas.
  • Inhibición o expresión
  • Expresiva: que cuando tiene un problema tiene tendencia a compartirlo o a contarlo.
  • Inhibida: quien se guarda sus problemas y no los comparte.
  • Son tendencias personales. En conflictos de violencia las personas más expresivas se adaptan peor porque hablan más de lo que deben de decir, tienen que hacer más esfuerzo para guardar, en un ambiente hostil el gasto energético para reprimir la expresión es mayor, porque no tienen personas de confianza. Las personas más expresivas pueden pasarla peor y llevar más a la difusión de los rumores, cuando el problema está en medio es peor aún.
  • Las personas más inhibidas no tienen que generar energía en guardar algo porque es algo a lo que está acostumbrado, el riesgo es que con el tiempo tiene un costo emocional y un costo físico mucho mayor, efecto psicosomático, impacto en la salud física crónico y mental, el punto brusco de ruptura. Se puede quedar paralizado porque se queda sin energía para enfrentar el problema. También se da la inhibición colectiva.
  • Las personas fuertes, las duras se quiebran porque no enfrentan la experiencia, la evitan. Las personas más expresivas con el tiempo tienen mayor apoyo social.

Medida del impacto del terror: Colectivos e individuales

  • Las estrategias de terror generan impactos colectivos. También necesitamos espacios colectivos en los que estas cosas se puedan hablar. Y esta es una responsabilidad de los medios.
  • La investigación de Derechos Humanos se centra mucho en los hechos, jurídicos, la víctima y los perpetradores, sin embargo esta metodología se queda corta para rescatar parte de la experiencia: el hecho, responsables, consecuencias en su vida. No ver ese trabajo como una especie de epidemiología, de los muertos. Impactos de lo que viene después para las víctimas, heridas, huellas en las victimas. Visibilizar, eso es importante.
  • En ocasiones el periodista tiene que valorar la publicación de la información con la víctima, el contexto y el medio. Depende de muchos factores.
  • Construcción de imaginarios de los hechos, falsos positivos.
  • Insensibilización, al final el lenguaje en lugar de describir lo naturaliza, forma deshumanizante de acercarnos a las víctimas, el conteo de muertos.
  • Reconceptualización del fenómeno de la violencia, asociado a la invisibilización de la víctima.
  • En contextos de polarización y control uno puede adaptar un discurso a algo que no dice nada, hablar de la generalidad como protección de sí mismo y que puede convertirse en un mecanismo habitual de trabajo. Es un juego en el no podemos dejarnos meter, no creernos las historias, tal y como nos las cuentan.
  • Visibilizar las consecuencias de las violaciones a Derechos Humanos es vital. La invisibilización de resta importancia a un hecho.
  • Qué ha hecho la víctima para enfrentar la situación, si se organizó o hizo cosas diferentes. Cómo resistió la violencia, cómo se apoyó mutuamente, qué espacios de solidaridad encontró. Rescatar esto en el espacio periodístico para no victimizarlos, porque de lo contrario los dejas atrapados en el marco del dolor.
  • Preguntar por qué cree que pasó eso, a qué lo atribuye. Memoria colectiva: mucha gente no tenía una visión política del conflicto, ni una visión macro de los diversos actores con una posible responsabilidad. Necesitan una visión más amplia que salga de lo local, necesitan tenerla para comprender y desestigmatizarse.
  • La lógica del afecto. Quién era el desaparecido, pasar de la lógica del afecto individual a la colectiva, en la que ya no sólo hablamos de MI muerto sino de nuestros muertos y qué podemos hacer para superar o afrontar esta situación. Hay contextos en los que es más difícil identificarse con el otro, pero es necesario buscar espacios colectivos, que en ocasiones son los medios
  • Cuidado de no convertir la agenda para el Estado. Trabajar en la agenda de reconstrucción. Memoria positiva de afrontamiento. La conciencia de la irreparabilidad, sin quedarnos pasivos. Y la generación de redes, cuando el objetivo del terror es separar.
  • Posibles causas. Qué hay que hacer para que esto no se repita, qué pensaban las víctimas que se podía hacer para evitar que a otros les sucediera lo mismo. Evaluación del impacto y de las consecuencias que ha tenido en su vida, pero hacerlo de una forma en que no recreemos el horror, que hable claramente de la experiencia de la gente y ayude a comprenderlas, que las víctimas se sientan representadas. El filo de la navaja es muy sutil. Hay que mirarlo desde diversas perspectivas. No quedarte anclado al horror de la víctima.
  • No quedarse apegado al terror, y que el resto no cuenta, incluyendo los extremos del terror, pero que estos no sean el fetiche, tiene que ver con la forma en que miramos, entrevistamos y escribimos sobre esto.
  • Garantías de no repetición. Problemas estructurales por parte del Estado y la sociedad. Nadie se prepara para la reparación a las víctimas, para que no se repita, es una pelea que viene después. Agenda de transformación de la realidad.
  • Estructura judicial atrapada por el aparato del miedo. No confundir la realidad con lo jurídico. Consolidaciones de luchas de la humanidad, instrumentos atados por los estados para limitar las cosas. Si esto nos da poder para cambiar la situación hay que utilizarlas, una visión más amplia, no quedarnos en el discurso de que los derechos humanos y las cortes internacionales no sirven para nada, sin negar la frustración a la que nos enfrentamos, estrategia de trabajo, con una dinámica más amplia, sabiendo los límites pero también las herramientas.
  • Hay cosas que tienen sentido para lo social y otras para la víctima.
  • Nuestro trabajo es investigar, visibilizar, mostrar incoherencias, cuál es el camino para afrontar estos hechos de violencia.

Habilidades de comunicación

    1. Escucha (Más escuchar que preguntar)Comportamiento no verbal:
  • Postura/ Ángulo
    Inclinación
    Contacto visual
    Apertura de manos
    Actitud relajada

Actitud interna.

  • Silencio intrapsíquico. El ruido interior no te permite estar en la secuencia de lo que escuchas.
  • Suspensión del juicio. Comprender sin juzgar según los propios valores, preguntarse por qué sucede.
  • Disociación instrumental. Posición 1: tener claro lo que quieres saber, entrevistar, sin aferrarte a las preguntas. Posición 2: Ponerte en el papel de la víctima, que ya ha sido entrevistada sobre lo mismo muchas veces. Posición 3: Autocuidado y el miedo.

Atención a lo implícito

  • Relato incompleto. Hay cosas que se cuentan y otras que no.
  • Contenido latente. Que no entiendes pero están ahí, cultural.
  • Narración evasiva. Omitir detalles de humillación, construcción de relato para protegerse, ya sea porque aún no tiene la confianza. En una primera entrevista no lo dirá.
  • Discurso recurrente. En ocasiones las personas no tendrán un relato directo, sino indirecto.

2. Facilitar la narración. Hablar de lo inenarrable, cómo poner en palabras el sufrimiento, qué digo que no sea banal.

Facilitadores

  • Silencios. La alta reactividad en la entrevista no permite la escucha.
  • Contacto corporal. Significados.

Parafrasear a la víctima

  • Recapitular. Para saber si comprendiste la información vuelve un poco hacia atrás para clarificar.
  • Uso de preguntas abiertas, circulares y cerradas. Que la entrevista no parezca un interrogatorio judicial.

Impacto emocional en la entrevista a víctimas

  • Si la víctima se quiebra. Hay que tener cuidado con la ansiedad de estar demasiado controlado o ser uno mismo. Estrategias cognitivas que permitan que no te dejes atrapar por el dolor, sin embargo no hay que ser tan rígidos. A todos se nos pueden salir las lágrimas porque estamos visibilizando el problema que nos están narrando, podemos descansar un poco, hacer una pausa para tranquilizarnos.

Atención a respuestas de la persona que entrevista

  • Reconocer las emociones que suscita (contratransferencia)
  • Complementarias/mismo signo. Contraste con escala de valores. Experiencias traumáticas propias.
  • El hecho de que te afecte también facilita la comprensión de lo que te cuenta, no perder la posición 1, no perder la perspectiva de que estás en un camino, no te puedes quedar pegado a un punto, retomar. Pero tampoco hacer un uso rígido de esta posición y cortar de tajo y pasar a la siguiente pregunta.
  • Ser flexibles, con la víctima y con nosotros mismos.
  • Cuanto más identificado te sientes con la víctima más riesgo hay. Dejas la entrevista centrada en la víctima con lo que a ti te está moviendo, ahí sí es necesario tener contención. Necesitamos bastante autoconocimiento en nuestro trabajo para saber cómo reaccionamos.
  • Hay cosas que nos pasan en un tiempo en que no pueden ser vividas. Tiempo de asimilación que no coincide con el tiempo de expresión, lo que te contó una víctima te da vueltas, necesitas asimilarlo antes de narrarlo.
  • Tener una estrategia para después o para cuando se me van acumulando cosas.
  • El autoconocimiento y reflexión sobre uno mismo es vital para saber qué temas te pueden mover demasiado.

Contrastar significados

  • Cuando uno tiene narraciones contradictorias
  • Interpretación abierta en clima empático y según confianza
  • Confrontar para verificar información. Despersonalizarlo para evitar que se vea como un juicio.
  • Uso de metáforas. Tener mucho cuidado con las interpretaciones.

Atención a las respuestas negativas

  • Dejar expresar. Si la víctima está alterada o frustrada hay que entenderlo. Papel de absorber la rabia y frustración.
  • No entrar en conflicto
  • Expresar empatía
  • Explicar si es necesario incidir en aspectos dolorosos. Antes de entrar en detalles, preparar a la víctima porque la entrevista puede movilizar el malestar, explicarles el sentido del porqué necesitamos hacerles esas preguntas, que sabemos de antemano que son dolorosas. Explicarles que para nosotros es importante entender bien para comprender lo que vivieron.
  • Las pruebas de confiabilidad son normales para saber si puede contarte las humillaciones, vejaciones. Relato fragmentado, será con base en la confianza que le inspire tu respuesta.

Comprensión social. Identidad individual y social.

  • Situación de doble vínculo en la que se ve atrapada, donde todas las respuestas son una sin respuestas y un ataque a la dignidad de la persona (Cuando obligan a denunciar compañeros o los amenazan con destruirlos si se resisten)
  • Tener claro que no soy la víctima ni tengo que jugar a ser alguien que no soy para lograr la empatía.

Errores frecuentes en las entrevistas.

  1. Interrogatorio: Cortar el relato, perder detalles significativos y memoria asociativa, transmitir cerrazón o intereses propios, es mejor dejarlos hablar y volver al final de su respuesta para preguntar cosas que no nos quedaron claras o dudas que surgieron.
  2. Juicios de valor o críticos
  3. Dar consejos sin explorar, ofrecer falsas seguridades o expectativas sobredimensionadas.
  4. Poner objetivos sin acuerdo de la persona.
  5. Intervenciones poco adecuadas
    Preguntas inapropiadas o irrelevantes
    Uso inadecuado del humor
    Minimización
    Uso extemporáneo del consuelo
    Autorrevelación inapropiada
  6. Pasar por alto hechos significativos
  7. No personalizar
  8. Abrumar con mucha información
  9. Dejar pasar por alto comentarios relevantes (Información publicada sin consentimiento, pensamiento sobre intereses)
  10. Foco puesto en necesidades internas
  11. Tratarlo como el 4º. entrevistado de una serie.

2) AUTOCUIDADO

Tres puntos clave del modelo del estrés

I) Identificar las fuentes de tensión más importantes para cada quién, tales como condiciones de trabajo, confrontarse con el dolor y el sufrimiento, contratransferencia, contexto o dinámica organizativa (capacidad de acción y decisión) y dilemas éticos.
II) Cuando el estrés pasa del día a día, que da sentido a nuestro trabajo, a una dimensión acumulativa, tensión que se manifiesta en la salud, en lo emocional, riesgos que terminan en un paro laboral.
III) Formas de afrontamiento.

Escribir es una forma de volver a la escena del crimen pero no para borrar las huellas sino para hacerlas parte de ti mismo. Escribir sirve para ver cómo te has relacionado con las víctimas.
Capacidad de desconexión. Es necesario tener un método para desconectarnos, descansar y cortar una secuencia, de lo contrario eso genera un horizonte que no te permite ver más allá. Más que la cantidad de desconexión es la capacidad para desconectarte, controlar la situación y no que la situación te controle a ti. Una cosa es evadir y otra la desconexión. Las dinámicas de inhibición ayudan por un tiempo pero al final se convierten en un problema.
Pensamiento alto. Las situaciones difíciles y desafiantes te pueden agobiar pero también te ayudarán a crecer, a tener una visión más completa.
Reflexionar sobre las cosas que quieres y no quieres hacer. Saber cuáles son tus propios límites.
Distancia emocional del acontecimiento, de lo contrario pierdes la perspectiva. Qué es lo más digno que puedes hacer con lo que investigas.
El estrés te focaliza totalmente y se necesita tener una visión más amplia, panorámica. Tener una perspectiva. Qué tipo de periodismo hemos hecho, qué ha servido, qué no ha servido, hacia dónde nos dirigimos.
Impotencia aprendida. Ausencia de justicia que nos trata de convencer de que nada mejor se puede hacer por lo que debemos adaptarnos. El periodismo puede ayudar en mucho para romper ese mandato de impotencia.
El estrés acumulativo nos lleva al agotamiento extremo, del que ya no te quieres levantar o empiezas a hacer cosas que van en contra de lo que deseas hacer; despersonalización: cualquier dolor que veas siempre será nuevo, cuando lo ves como una serie es un síntoma de despersonalización, cuestionamiento de tu propio ser.

3) EL MANEJO DEL MIEDO

Tipos de miedo:

  • Miedo al perro que muerde: amenaza de algo determinado.
  • Miedo al cuarto oscuro: amenaza indeterminada, cuando el miedo es genérico es más difícil defenderte y es mucho más paralizante.
  • Hay que ponerle nombre al miedo, identificarlo para ver si podemos combatirlo y trazar una estrategia.
  • El miedo es una emoción, una estrategia orientada a generar terror, se convierte en parte de la intencionalidad y es también una consecuencia.
  • Si no hay un espacio en el que el miedo pueda reconocerse se pasará al espacio de la inhibición.
  • El miedo es también un mecanismo de defensa. No significa ser cobarde, no tienen que guardarse ni ser mal vistos por reconocerlo.
  • Identificar qué es lo que se puede o no hacer en una situación de riesgo.
  • Reacciones impulsivas: algunas te salvarán la vida y otras te pondrán en peligro. La adrenalina te puede llevar a hacer cosas aparentemente imposibles, pero dejarlo todo a la adrenalina puede ser muy peligroso, hay que tratar de mantener la calma y tener planeadas, de forma previa, ciertas medidas de seguridad, secuencias de acción que te permitan saber qué harás porque cuando estás en el momento no puedes pensar en una estrategia, sólo puedes reaccionar, pero si este mecanismo lo planeas y prácticas a diario (mentalmente) no dejarás todo a la espontaneidad creativa.
  • El miedo produce reacciones corporales. El cuerpo se preparar para la defensa o la huida.
  • En medio del miedo un 15 % entra en pánico y reacciona de forma impulsiva, un 70% se bloquea y el otro 15% toma distancia y piensa en qué medidas puede tomar para enfrentar el riesgo. Tareas que ayuden a la contención emocional, pero con una dirección. Debes tener un mecanismo de las tres cosas que puedes hacer en caso de riesgo, que tengas totalmente dominado, que sepas de memoria y que no olvides ante el miedo.
  • El miedo come del miedo. Nómbralo, dale sentido y enfréntalo.
  • El miedo provoca un cambio en la percepción de la realidad, en la que ya no sabes qué es verdad y qué es mentira, paranoia, estrategias de descarga y sentido. No dejarse llevar por el cuarto oscuro, identificar de dónde podría venir el golpe y qué tipo de golpe puede ser.
  • Controlar la respiración y pensar con más calma. La calma se puede mantener en el cuerpo a través de la respiración.
  • Nunca hay que dar las cosas por pérdidas hasta el final.
  • La seguridad depende no sólo del comportamiento personal sino del colectivo.

BIBLIOGRAFÍA DE CARLOS MARTÍN BERISTAIN

Afirmación y resistencia. La comunidad como apoyo. Tema: Manejo del miedo, sobre todo los caps. 3 y 4. Metodologías. Anexo en PDF. Versión digital disponible en:
http://www.psicosocial.net/es/centro-de-documentacion/doc_details/14-afirmacion-y-resistencia-la-comunidad-como-apoyo
Manual sobre perspectiva psicosocial en la investigación de derechos humanos. Tema: Manejo de entrevistas y casos para reflexionar. Versión digital disponible en:
http://biblioteca.hegoa.ehu.es/system/ebooks/18097/original/Manual_perspectiva_psicosocial_derechos_humanos.pdf?1283940592

Periodistas de a Pie :: Actividades 2011

Por: RedacciónPublicado: 01.07.2011

Actividad: Seminario Permanente de Periodismo en Temas Ciudadanos

Coordinan: Marcela Turati, Elia Baltazar y Daniela Pastrana
Lugar: Cencos, Medellín 33, col. Roma Fecha: 26 de febrero
Organizadores: Periodistas de a Pie

Actividad: Velada de periodismo, literatura y narcotráfico

Participantes: Alejandro Almazán, Alejandro Páez, Anabel Hernández, José Reveles, Javier Valdez, María Idalia Gómez y Marcela Turati.
Lugar: El Vicio
Fecha: 2 de marzo de 2011
Organizadores: Periodistas de a Pie
Video

Actividad: Seminario-Taller «Técnicas narrativas y de investigación para la cobertura periodística de conflictos armados o en zonas de conflicto» Maestro: Ginna Morelo, Consejo de Redacción

Lugar: Cencos
Fecha: 4 de mayo 2011
Organizadores: Periodistas de a Pie

Actividad: Seminario-Taller «Experiencia de Protección a Periodistas de Colombia»

Ponente: David González, (FLIP)
Lugar: Cencos
Fecha: 27 de mayo de 2011
Organizadores: Periodistas de a Pie, FLIP y Cencos

Actividad: Taller «Autocuidado y cuidado de las víctimas en coberturas de violencia»

Maestro: Carlos Martín Beristáin
Lugar: Cencos
Fecha: 11 de junio
Organizadores: Periodistas de a Pie
Relatoría

Actividad: Presentación del libro «Fuego Cruzado» de Marcela Turati en Chihuahua

Fecha: 20 de junio de 2011
Alan García Campos
Relatoría

Actividad: Taller «Cómo ser corresponsal de Guerra»

Fecha: 20 y 21 de agosto 09:00-19:00 hrs.
Imparte: Judith Matloff
Lugar : México D.F. Cencos. Medellín 33 Col. Roma
Relatoría

Actividad: Seminario Permanente de Periodismo en Temas Ciudadanos

Cobertura de violencia y sus víctimas, desde los Derechos Humanos.
Imparte: Marcela Turati
Lugar: Cencos, Medellín 33, col. Roma Fecha: 10 de septiembre de 2011
Organizadores: Periodistas de a Pie
Relatoría

Actividad: Seminario Permanente de Periodismo en Temas Ciudadanos. Técnicas para la cobertura de pobreza

Imparte: Daniela Rea
Lugar: Cencos, Medellín 33, col. Roma Fecha: 24 de septiembre
Organizadores: Periodistas de a Pie
Relatoría

Actividad: Prsentación del libro «Vamos a Portarnos Mal»

Presentan: Elisa Gómez (FES),Omar Rincón (Editor), Marcela Turati y Daniela Pastrana
Lugar: Sala Renato Leduc. Club de Periodistas de México (Filomeno Mata No. 8, Centro Histórico)
Organizadores: Fundación Friedrich Ebert y su Centro de Competencia en Comunicación para América Latina
Relatoría

Actividad: Taller «Transparencia y Acceso a la Información” (en alianza con México Infórmate y el Centro de Análisis e Investigación, FUNDAR)

Impartido por especialistas de FUNDAR
7 de octubre 2011
Relatoría

Actividad: Taller “Derechos de la infancia y medios de comunicación” (en alianza con la Red por los Derechos de la Infancia)

Impartido por Martín Pérez (REDIM), Gerardo Sauri (CDHDF) y Daniela Pastrana (PdP)
8 de octubre 2011
Relatoría

Actividad: Taller «Análisis presupuestario» (en colaboración con México Infórmate y el Centro de Análisis e Investigación FUNDAR)

Impartido por especialistas de FUNDAR
14 de octubre
Relatoría

Actividad: Presentación del Manual Escrito sin D.

Feria Internacional del Libro de Guadalajara
27 de noviembre de 2011
Relatoría

Actividad: «Contar la historia. Taller de crónica con énfasis en la mirada y en la escritura» (en alianza con Revista Gatopardo)

Impartido por Alberto Salcedo, FNPI Colombia
6, 7 y 8 de diciembre 2011
Invitación

Actividad: Seminario web «Estrategias para reducir el riesgo durante la cobertura de violencia y el crimen organizado» (en alianza con el Knight Center de la Universidad de Austin en Texas)

9 y 16 de diciembre 2011
Ponentes: María Idalia Gómez (SIP), Jorge Luis Sierra (ICFJ), Juan Carlos Romero (ArtXIX), Elia Baltazar y Daniela Pastrana (PdP)
Enlace

Periodistas de a Pie :: El periodista ante la empresa

Por: RedacciónPublicado: 01.07.2011

De las condiciones sociales y laborales al fortalecimiento de la ética periodística

Por Estela Margarita Torres Almanza

Periodistas de a Pie :: Construyendo desde la violencia‏

Por: Marcela TuratiPublicado: 22.05.2011

Desde aquella tarde que Gloria Lozano vio a su único hijo rafagueado en un terreno baldío junto a los cuerpos de otros 12 cuerpos jóvenes –entre ellos un papá primerizo abrazado a su bebé, todos víctimas de un comando de sicarios–, ni ella, ni las demás familias de los “mártires de Creel”, volvieron a ser las mismas. En su lucha por la justicia las familias han bloqueado carreteras, realizado marchas, acudido a radiodifusoras, arrastrado ataúdes de cartón por las calles, suspendido actos gubernamentales, tapizado los comercios con los carteles oficiales que ofrecen recompensa por entregar a los sicarios, correteado al gobernador, al alcalde y a cuanta autoridad policiaca se asoma por este lugar y, en una maniobra que a ellas mismas las sorprende, detuvieron el tren que llevaba turistas a las Barrancas del Cobre. Hace tiempo se convirtieron en investigadores: ya saben quiénes mataron a sus hijos.

La cobertura masacre ocurrida en el pueblo de Creel, en el estado de Chihuahua, se convirtió para mí en un parteagüas de mi cobertura semanal, sistemática, de los efectos sociales de la violencia inaugurada oficialmente en México desde 2007, cuando los cárteles del narcotráfico y su persecución en las calles por parte del ejército nacional convirtió al país en un campo de batalla y a muchos periodistas en corresponsales de la guerra doméstica.

En esa comunidad serrana chihuahuense donde los 13 jóvenes fueron asesinados en agosto de 2008 descubrí una nueva clase de personas –temerarias, valientes, con ánimos de justicia—cuyo dolor las obligó a salirse del patrón de las víctimas que había visto en otras asignaciones: paralizadas por el miedo, avergonzadas por el estigma, frustradas por la impotencia.

Desde entonces me puse como asignación intentar descubrir en medio de las desgracias que me han tocado cubrir a las personas que aún con el corazón arrasado, la vida arruinada o el ataúd en la sala tienen la fortaleza para organizarse; a quienes comparten su dolor para sanar a otros; a quienes salen a las calles a recuperarlas para los ciudadanos.

No ha sido fácil. Se logra pocas veces. Se requiere de mucha observación y paciencia. Y, sobre todo, transitar antes por los caminos de la parálisis, del miedo, de la impotencia, de la fatalidad; tocar mucho dolor para denunciarlo; improvisar y hasta equivocarse.

Antes de seguir quiero explicar cómo ha evolucionado la cobertura periodística en México. Porque así como el tifón de la violencia nos sorprendió a todos los mexicanos, nos encontró a los periodistas impreparados, pasmados y desconocedores de los nuevos códigos de sangre en los que exterminar al otro es la meta, donde la saña es el mensaje y se expresa a través de cuerpos decapitados, calcinados, desaparecidos, disueltos en ácido, ejecutados, torturados, masacrados.

La emergencia nos obligó a improvisar la cobertura de la mejor manera que pudimos.

Lo que se hizo durante mucho tiempo fue el conteo de muertos, que en las redacciones llamamos “el ejecutómetro”, que es la estadística diaria de muertos con las que los reporteros de la fuente policiaca reflejaron los inicios de la tormenta de sangre.

De pronto, era tanta la violencia, que algunos reporteros que siempre nos prometimos que nunca íbamos a cubrir noticias sobre narcotráfico de pronto ya estábamos en las escenas de los crímenes, entrevistando a testigos o sobrevivientes, acudiendo a los velorios, pescando datos de los muertos para confeccionar una escueta biografía de las víctimas o reconstruyendo la masacre para “cronicar el horror”.

Pero se llegó a un punto en que la pila de muertos se volvió infinita, en que cada matazón se parecía a la anterior, en que seis noticias terribles competían por la primera plana del diario, que la cobertura debía hacerse de una manera distinta a la reactiva. Era el momento de tomar la agenda, quitársela a los violentos que la fijan, para devolverle sentido a la vida, dignidad a las víctimas y poder a los ciudadanos. Esto es: alumbrar lo que ocurre con la luz de los derechos humanos. A lo que yo llamo, periodismo que denuncia lo que ocurre y anuncia lo que puede ser cambiado.

Hacer una cobertura periodística responsable que tenga a los derechos humanos como carta de negociación, sin embargo, es un ejercicio complicado que se diseña cada día, al calor de la nueva emergencia y llevarlo a buen término requiere constante entrenamiento, técnica, educar la mirada, aprender a leer los procesos, construir un discurso distinto, dominar el miedo y trabajar para que no se nos oxide la indignación y la esperanza.

Esta es la apuesta de un grupo de reporteros mexicanos que desde 2006 –antes sospechar siquiera que México se convertiría en una balacera– comenzamos a agruparnos en lo que después llamamos la Red de Periodistas Sociales “Periodistas de a Pie”.

Nuestra primera intención para reunirnos era adquirir habilidades de investigación, escritura, planteamiento informativo y nuevos conocimientos que nos permitiera empoderar en los medios de comunicación para los que trabajamos las notas sociales (salud, educación, derechos humanos, ecología, migración, las tendencias sociales, etc…) que para nosotros es información vital que le permite al ciudadano entender por qué le pasa lo que le pasa, pero para los directivos siempre son las notas de relleno. Porque los espacios los tienen copados las notas políticas, judiciales, económicas, los espectáculos o la publicadad.

Para reforzar nuestro trabajo empezamos a contactar a expertos en desarrollo social o periodistas destacados de otros países que estaban en México de paso, a quienes interceptábamos, los llevábamos a cenar o a desayunar a cambio de que nos dieran una charla. Que, siempre, inevitablemente, terminaba en cómo hacer una cobertura con enfoque de derechos humanos.

A partir de 2007, varios del grupo fuimos enviados al frente de batalla. A mí me asignaron la cobertura de Ciudad Juárez, el epicentro de la violencia mexicana, que desde entonces se convirtió en la ciudad que más muertos produce en el mundo. Confieso que varios no sabíamos los nombres de los cárteles de la droga que disputaban terreno, pero sí teníamos entrenamiento para detectar los fenómenos que provoca la violencia en la sociedad.

Así, varios empezamos a describir las desgracias de los pueblos pobres obligados al cultivo de amapola, la tragedia del juvenicidio (jóvenes que matan jóvenes), el drama de los pueblos exiliados por la violencia, las denuncias de los presos que fueron torturados para autoinculparse como sicarios, el aumento a las violaciones de los derechos humanos. A las redacciones no tardaron en llegar personas con fotos en la mano, del familiar desaparecido por el ejército, la policía, los narcos o por causas desconocidas que después se convirtieron en multitud.

La emergencia nos obligó a reforzar las capacitaciones: en La Red organizamos cursos sobre los riesgos de la militarización, la cadena del narcotráfico (desde el cultivo al consumo), los temas sociales que cruzan con los de la seguridad, la experiencia del conflicto colombiano, cómo entrevistar a niños traspasados por la violencia, cómo protegernos o de qué manera se defiende la libertad de expresión.

Y así, avanzamos a contramano del discurso oficial que anuncia como victoria el asesinato de más 28 mil mexicanos en esta guerra, y que el 90% de ellos lo merecía porque eran narcotraficantes. También fuimos a contracorriente del lenguaje de la muerte de los narcotraficantes que elaboran un performance macabro con los cuerpos de sus rivales para infundir más terror y que pretenden despojar de toda humanidad a sus víctimas.

En esta encrucijada, varios periodistas nos aferramos a dar rostro a las cifras de muertos, a rescatar sus historias, saber qué edades tenían, dar a conocer el impacto que su ausencia causa en su familia, en su barrio, en la comunidad y por qué esa nueva muerte tendría que dolernos (o al menos preocuparnos) a todos.

Claro que llega un momento en que la anécdota individual se agota, que la sociedad no está dispuesta a seguir tragedias personales. Esto que nos obliga a construir de manera distinta los relatos y sumar las tragedias individuales para darles la dimensión de fenómeno social.


“¿Quién hizo la tarea”, pregunta al inicio de la sesión la psicóloga que conduce el grupo. Ninguno de los alumnos se anima a responder. Se mantienen silenciosos en las bancas. Ella les recuerda que la tarea consistía en regalar la ropa de su difunto para avanzar en el proceso de duelo. O al menos intentarlo.

De entre el público, una mujer comenta que a ella le “dio cosa” regalar los trajes caros que se compraba su hijo, un policía que se distinguía por su elegancia y pulcritud, hasta que lo rafaguearon. El comentario da pie a que un anciano pregunte si está mal platicar todos los días con la foto del hijo que le balearon en la calle. Una obrera confiesa que no se anima a deshacerse de las pertenencias de su esposo porque sigue desaparecido, pero que se sintió bien al regalar las de su hijo asesinado, para que otro las aproveche.

Las terapias del duelo en Ciudad Juárez fue uno de los reportajes donde reflejé los talleres de un colectivo religioso recién organizado para sanar a las familias a las que la violencia les había arrebatado a uno o varios familiares. Esa sirvió como un espejo, doloroso, en la que reflejaba el profundo daño social.

Durante un año y medio pregunté a cada una de las organizaciones sociales si habían creado algo para las familias de las miles de personas asesinadas en la ciudad, pero ellas me respondían que la violencia los rebasaba, los tenía pasmados. Lo descubrí cuando leí un letrero en una calle que invitaba a las familias en duelo a talleres en una iglesia.

En todos los conflictos armados, abundan las víctimas y debemos de hallar la manera de explicar por qué su sufrimiento concierne a la sociedad entera. Desde el inicio, gracias a las capacitaciones que recibimos de los colegas colombianos y por nuestra formación en temas sociales, los reporteros de La Red optamos por visibilizar a las víctimas porque los violentos siempre tienen espacio asegurado en los medios de comunicación, siempre tienen reporteros detrás cubriendo sus pisadas y siempre son los protagonistas.

Tocar el dolor ajeno es una tarea delicada, para la que se requiere preparación, paciencia y tiempo. Las personas que han sido víctimas de la violencia muchas veces tienen miedo, no quieren hablar o ven a los periodistas como buitres de la desgracia ajena.

También se requiere evitar construir en el imaginario de nuestros lectores la idea de todas las víctimas como indefensas, carentes de opciones y de derechos. Por eso es importante visibilizar a las personas de otra talante, las que tomaron el timón de su desgracia y, a contracorriente, exigen que sus derechos les sean restituidos o se organizan para ayudar a otros.

Se requiere un reporteo sistemático y de largo plazo para detectar los momentos en que los ciudadanos se organizan, pierden el miedo y resisten con dignidad. No hay lugar donde no surjan colectivos de madres en busca de sus hijos desaparecidos, familias unidas en la investigación del asesinato de sus miembros, estudiantes conectados a través de tuiter que se oponen a la violencia o artistas que salen a la calle con misión de recuperarla como espacio para los ciudadanos.

Al visibilizar sus actividades (cuidando no ponerlos en riesgo) abrimos una ventana de esperanza en momentos en los que pareciera que no queda más que esperar. Con esas historias logramos que la población recupere la autoestima, se reconcilie con su situación, busque a otros para trabajar en colectivo y damos otro rostro de las víctimas como individuos que, pese a la tragedia, no están vencidos.


El costo en vidas por la violencia ha sido tan alto que no hay guarderías, salones de clases, talleres de verano, clases de catecismo o torneos deportivos a los que no se asomen los hijos o hijas de las personas asesinadas. A donde no lleguen los llamados “huérfanos de los ejecutados”, que irrumpen como un nuevo colectivo de fácil ingreso.

Son tantos que reciben terapias colectivas. Para ellos, organizaciones como Casa Amiga han creado ejercicios terapéuticos específicos como el siguiente, que guía una psicóloga que, en medio de una relajación, les dice: “…ahora, así, acostadito como estás, con tus ojos aún cerrados, tu cuerpo ya relajado, trae a la mente a tu papá… el momento que te enteraste de su muerte… siente tu propio corazón… ¿Cómo está ese corazoncito? ¿Qué sintió? ¿Qué carita puso?…».

Cuando los conduce a la salida del sueño profundo, la terapeuta les sugiere que dibujen lo que visualizaron y en los papeles van surgiendo corazones cortados, otros envueltos en lágrimas, algunos maltrechos por profundas cicatrices. Entonces les propone curarlos y ellos van colocando curitas, cintas adhesivas, kleenex, florecitas. Los colorean hasta dejarlos bonitos. Hasta que remiendan algo de las cicatrices que les lastiman el alma.

El reportaje de las terapias para niños y niñas huérfanos por la violencia movió a 60 psicólogos chihuahuenses a crear una red de terapeutas dedicados a aliviar el dolor social por la sobreexposición a la violencia, que se estrenó –dos meses después– atendiendo a la recién creada red de familias con miembros desaparecidos.

Las dos redes fueron noticias esperanzadoras dentro del contexto de desolación que se vive en muchas regiones del país: la última es de madres de los jóvenes desaparecidos, que junto con activistas de derechos humanos, se intercambiaron tips legales y psicológicos, y estrategias de lucha política y ante tribunales internacionales, para continuar la búsqueda y obligar al Estado a investigar a los desaparecidos.

De la misma manera como los cárteles mafiosos se internacionalizan, buscan aliados por el mundo, socializan métodos para seguir haciendo negocios y trasnacionalizan sus conocimientos, así estos ciudadanos que he encontrado en mi cobertura intercambian estrategias de acción y sobrevivencia.

Los periodistas somos clave en este proceso de empoderamiento ciudadano, ya que visibilizando a los actores que provocaron el cambio (cuidado no ponerlos en riesgo) y exhibiendo las estrategias que han dado resultado, podemos colaborar a quitarle a la gente la parálisis del miedo y brindamos herramientas para la construcción de un mañana distinto.

Este artículo fue publicado en el número de Primavera de 2011 en la Revista de las Américas de la Universidad de Harvard, bajo el título: Building Justice through Journalism. Se puede leer completo en el siguiente link: http://www.drclas.harvard.edu/publications/revistaonline/spring-summer-2011/ashes-violence

Taller: Técnicas narrativas y de investigación para el periodismo de conflicto. Seminario-Taller

Por: RedacciónPublicado: 02.05.2011

LA RED DE PERIODISTAS DE A PIE

Invita al Seminario-Taller

Técnicas narrativas y de investigación para la cobertura periodística de conflictos armados o en zonas de conflicto

Impartido por Ginna Morelo, periodista colombiana experimentada en el cubrimiento de la violencia paramilitar en Colombia.

¿Cuáles son los riesgos que debe considerar un periodista al cubrir un conflicto armado? ¿cómo investigar sin preguntar? ¿debe cruzarse la línea de fuego? ¿cómo abordar a las víctimas, a los victimarios y al Estado?

Durante el Seminario-Taller, Ginna Morelo compartirá sus conocimientos sobre cómo cubrir un conflicto armado, el uso de la observación como una técnica metodológica, revisará los riesgos a los que se puede estar expuesto y las oportunidades informativas que se pueden aprovechar. Además enseñará técnicas de entrevista para acercarse a la experiencia de las víctimas y herramientas narrativas para escribir sobre ellas.

Fecha: Miércoles 4 de mayo

Horario: 9.30-14 hrs.

Lugar: Medellín 33, Col Roma (entre Puebla y Sinaloa).

Cuota de recuperación: $50

Ginna Morelo es presidenta de Consejo de Redacción, organización que promueve el periodismo de investigación en Colombia; editora general de El Meridiano de Córdoba, ganadora del premio de periodismo Simón Bolivar y autora del libro Tierra de Sangre, memoria de las víctimas.

Si estás interesado en asistir aparta tu lugar!

Envía tu nombre y medio a [email protected]


PressCamp 2011… para periodistas y comunicadores

“Desconferencias” sobre el periodismo como marca, la responsabilidad social, herramientas digitales, libertad de expresión, transparencia y todo lo que tu propongas!
El 9 de abril en la UIA

“Desconferencias” sobre el periodismo como marca, la responsabilidad social, herramientas digitales, libertad de expresión, transparencia y todo lo que tu propongas! El formato es sencillo: todos participamos y el contenido es el que nosotros decidamos!

Sábado 9 de abril, de 9 a 18 horas en el Laboratorio de Convergencia Digital de la UIA (Edificio A, Planta Baja). Más informes en: [email protected] y 59504000 ext. 4049 

http://presca.mp/

@presscampmexico

Periodistas de a Pie :: PressCamp 2011 … para periodistas y comunicadores

Por: RedacciónPublicado: 24.03.2011

El 9 de abril en la UIA

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Por: RedacciónPublicado: 24.03.2011

El 9 de abril en la UIA

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Sábado 9 de abril, de 9 a 18 horas en el Laboratorio de Convergencia Digital de la UIA (Edificio A, Planta Baja). Más informes en: [email protected] y 59504000 ext. 4049

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Periodistas de a Pie :: Velada de periodismo, literatura y narcotráfico

Publicado: 02.03.2011

Escritores y periodistas comparten sus puntos de vista y experiencias de trabajo en el contexto de narcotráfico en México. (fragmentos)
Teatro Bar El Vicio, Ciudad de México, 2 de marzo de 2011.

Cortesía de Prometeo Lucero

Invitación: Velada de periodismo, literatura y narcotráfico

Periodistas de a Pie :: Invitación: Velada de periodismo, literatura y narcotráfico

Por: RedacciónPublicado: 17.02.2011