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Periodistas de a Pie :: Periodistas mexicanos se reúnen para vencer el miedo

Por: RedacciónPublicado: 29.01.2012

México, D. F., a 28 de enero de 2012

(Fundalex)

Representantes de la Fundación para la Libertad de Expresión (Fundalex) presentaron durante la reunión de esta tarde ante la comitiva del PEN Club Internacional, los casos de dos mujeres periodistas que han sido amenazadas por funcionarios gubernamentales, donde varias organizaciones que se ocupan de defender la libertad de expresión expusieron el panorama del periodismo en nuestro país.

La representación del PEN Club Internacional, encabezada por su presidente por el escritor canadiense John Ralston Saul, completada por Hori Takeaki, secretario Internacional; Eric Lax, tesorero; Russell Banks, Larry Siems y Adan Summer, del PEN de los Estados Unidos; Adrienne Clarkson (ex Gobernadora General de Canadá), en representación de PEN Canadá y Emile Martel, en representación del PEN Quebec y Gillian Slovo, del PEN inglés, se mostraron grandemente interesados en las experiencias planteadas por los activistas mexicanos.

Los representantes de las organizaciones Artículo 19, Periodistas de a pie, Amarc-México, el Comité de Protección a Periodistas, Brigadas por la Paz y Fundalex destacaron los problemas de falta de compromiso de las autoridades federales, estatales y municipales, el Congreso de la Unión y de los Estados, así como el Poder Judicial Federal y los estatales para resolver la violencia en contra de los representantes de la prensa mexicana.

Fueron destacados los casos de la prensa en estados del norte del país, pero también se puso énfasis de lo que ocurre en otros del sur y que sólo salen a relucir cuando existen asesinatos, como es el caso paradigmático de Veracruz.

Se puso énfasis en la relación que tienen políticos y funcionarios gubernamentales en alrededor del 70 por ciento de las agresiones a los periodistas y la opacidad que los propios órganos gubernamentales demuestran en las investigaciones.

Incluso, en el caso de las radios comunitarias, cómo a sus dirigentes se les relaciona con el crimen organizado para evitar que se difunda información que pudiera afectar intereses dentro delas comunidades donde se encuentran.

La información vertida aquí será parte fundamental del mensaje que darán los miembros de la dirección del PEN Club Internacional en el cierre de su visita el lunes durante una conferencia de prensa en el Club de Periodistas.

Periodistas de a Pie :: El periodismo valiente es premiado en la FIL de Guadalajara

Por: RedacciónPublicado: 05.12.2011

Fotos: Celia Guerrero

Texto: Juan E. Flores Mateos

Entre el recuerdo al periodista Miguel Ángel Granados Chapa y el reconocimiento a las mujeres que se organizan para cambiar a México la Embajada alemana entregó el V Premio Alemán de Periodismo a los reporteros Marcela Turati Muñoz y José Gil Olmos de Proceso y Thelma Gómez Durán de El Universal.

El certamen, de acuerdo al Presidente del Jurado, Marco Lara Khar, recibió 80 trabajos de los “diversos géneros”, de los cuales “Desaparecidos, una epidemia” y “Unidos por los desaparecidos” de Turati Muñoz; “Cherán mantiene firme su lucha por los bosques” de Gómez Durán y “Nos mataron el miedo” de Gil Olmos resultaron ganadores del primer, segundo y tercer lugar respectivamente.

En su intervención destacó “el trabajo valiente” de los reporteros, no en el sentido machista, sino como la “voz que promueve las acciones por la paz social en México” que fue la temática del concurso.

Además recalcó que los periodistas sólo están enfocados a cubrir la violencia, “como si fuera un partido de futbol o una competencia en donde gana el más listo y audaz y en donde pierde el más torpe y estúpido”.

Para ello recordó la frase del que llamó “artífice” del Periodismo de Paz, Johan Galtung,“la violencia es el humo y el conflicto no resuelto es el fuego”.

En su primera intervención, José Gil Olmos, ganador del tercer lugar enalteció el trabajo de las mujeres en la organización y matizó la magnitud de la “tragedia” que vivimos; “son las mujeres las que andan en esta lucha, se están convirtiendo en un factor de cambio, un factor de paz”.

“Desde la guerra cristera no se había observado una tragedia como la que estamos viviendo”, agregó.

Marcela Turati por su parte, recordó preguntas que se plantea desde el 2008 sobre si el periodismo puede cambiar las cosas, “¿Qué más además de cronicar el horror se puede hacer? ¿Qué nos falta a los periodistas?”

“Tener otra mirada , saber que la gente hace cosas, no sólo contar huérfanos” agregaba mientras el público escuchaba atento. Remarcó que ella siempre busca la forma de “contar la tragedia desde la gente que está tratando de hacer cosas para cambiarlas”.

“¿Cómo hacer para que el más uno valga igual que el cincuenta mil?” fue otra de las preguntas que se hizo mientras relataba su experiencia con las víctimas de la violencia.

Thelma Gómez Durán en su intervención hizo hincapié en que los periodistas “se están volviendo reproductores de un discurso vacío lleno de palabras huecas” por lo que se planteó también, “¿qué periodismo queremos hacer?, ¿el alimentado de políticos o el que volteé a ver ciudadanos?”

Habló sobre su experiencia en Cherán, el valor de las mujeres como iniciadoras del cambio y el significado de su experiencia en esa comunidad:

“Las mujeres fueron las que tomaron la iniciativa las que se organizaron. …una palabra muy bonita que aprendí es una en purépecha, jaripicua, ..que significa ayudarse los unos a los otros”

En su segunda intervención José Gil Olmos reconoció que “los periodistas nos estamos convirtiendo en estenógrafos del poder” y que a los ciudadanos “nos hace falta organización y participación propia”

Además refrendó el compromiso del periodista con la sociedad “Nosotros los periodistas tenemos que provocar que la gente actúe” dijo.

Para finalizar su intervención recordó una frase de Gabriel García Márquez: Una revolución es un cambio, y empieza cuando uno empieza a cambiar también.

En su segunda intervención, Marcela Turati, dijo que le llamaba mucho la atención el silencio, que las víctimas de la violencia sienten incluso que “hablan debajo del mar”.

La reportera dedicó su primer lugar a las organizaciones de las que habla en sus textos ganadores como Fuerzas Unidas por Nuestras Desaparecidas En Coahuila. “Yo considero que este premio no es mío, sino de las mujeres de las organizaciones que relaté, …como FUNDEC”.

“Cuando yo les dije que me habían dado el reconocimiento, se emocionaron mucho y me dijeron; alguien está reconociendo lo que hacemos”.

Thelma Gómez Durán recalcó también el cómo los indígenas, “esas personas que discriminamos los mexicanos” nos están enseñando mucho, como en Cherán.

La premiación cerró con las palabras del embajador alemán, , quién reconoció el trabajo de los periodistas como “sólido en investigación y en ejercicio de la libertad de expresión”.

Construyendo desde la violencia‏

Desde aquella tarde que Gloria Lozano vio a su único hijo rafagueado en un terreno baldío junto a los cuerpos de otros 12 cuerpos jóvenes –entre ellos un papá primerizo abrazado a su bebé, todos víctimas de un comando de sicarios–, ni ella, ni las demás familias de los “mártires de Creel”, volvieron a ser las mismas. En su lucha por la justicia las familias han bloqueado carreteras, realizado marchas, acudido a radiodifusoras, arrastrado ataúdes de cartón por las calles, suspendido actos gubernamentales, tapizado los comercios con los carteles oficiales que ofrecen recompensa por entregar a los sicarios, correteado al gobernador, al alcalde y a cuanta autoridad policiaca se asoma por este lugar y, en una maniobra que a ellas mismas las sorprende, detuvieron el tren que llevaba turistas a las Barrancas del Cobre. Hace tiempo se convirtieron en investigadores: ya saben quiénes mataron a sus hijos.

La cobertura masacre ocurrida en el pueblo de Creel, en el estado de Chihuahua, se convirtió para mí en un parteagüas de mi cobertura semanal, sistemática, de los efectos sociales de la violencia inaugurada oficialmente en México desde 2007, cuando los cárteles del narcotráfico y su persecución en las calles por parte del ejército nacional convirtió al país en un campo de batalla y a muchos periodistas en corresponsales de la guerra doméstica.

En esa comunidad serrana chihuahuense donde los 13 jóvenes fueron asesinados en agosto de 2008 descubrí una nueva clase de personas –temerarias, valientes, con ánimos de justicia—cuyo dolor las obligó a salirse del patrón de las víctimas que había visto en otras asignaciones: paralizadas por el miedo, avergonzadas por el estigma, frustradas por la impotencia.

Desde entonces me puse como asignación intentar descubrir en medio de las desgracias que me han tocado cubrir a las personas que aún con el corazón arrasado, la vida arruinada o el ataúd en la sala tienen la fortaleza para organizarse; a quienes comparten su dolor para sanar a otros; a quienes salen a las calles a recuperarlas para los ciudadanos.

No ha sido fácil. Se logra pocas veces. Se requiere de mucha observación y paciencia. Y, sobre todo, transitar antes por los caminos de la parálisis, del miedo, de la impotencia, de la fatalidad; tocar mucho dolor para denunciarlo; improvisar y hasta equivocarse.

Antes de seguir quiero explicar cómo ha evolucionado la cobertura periodística en México. Porque así como el tifón de la violencia nos sorprendió a todos los mexicanos, nos encontró a los periodistas impreparados, pasmados y desconocedores de los nuevos códigos de sangre en los que exterminar al otro es la meta, donde la saña es el mensaje y se expresa a través de cuerpos decapitados, calcinados, desaparecidos, disueltos en ácido, ejecutados, torturados, masacrados.

La emergencia nos obligó a improvisar la cobertura de la mejor manera que pudimos.

Lo que se hizo durante mucho tiempo fue el conteo de muertos, que en las redacciones llamamos “el ejecutómetro”, que es la estadística diaria de muertos con las que los reporteros de la fuente policiaca reflejaron los inicios de la tormenta de sangre.

De pronto, era tanta la violencia, que algunos reporteros que siempre nos prometimos que nunca íbamos a cubrir noticias sobre narcotráfico de pronto ya estábamos en las escenas de los crímenes, entrevistando a testigos o sobrevivientes, acudiendo a los velorios, pescando datos de los muertos para confeccionar una escueta biografía de las víctimas o reconstruyendo la masacre para “cronicar el horror”.

Pero se llegó a un punto en que la pila de muertos se volvió infinita, en que cada matazón se parecía a la anterior, en que seis noticias terribles competían por la primera plana del diario, que la cobertura debía hacerse de una manera distinta a la reactiva. Era el momento de tomar la agenda, quitársela a los violentos que la fijan, para devolverle sentido a la vida, dignidad a las víctimas y poder a los ciudadanos. Esto es: alumbrar lo que ocurre con la luz de los derechos humanos. A lo que yo llamo, periodismo que denuncia lo que ocurre y anuncia lo que puede ser cambiado.

Hacer una cobertura periodística responsable que tenga a los derechos humanos como carta de negociación, sin embargo, es un ejercicio complicado que se diseña cada día, al calor de la nueva emergencia y llevarlo a buen término requiere constante entrenamiento, técnica, educar la mirada, aprender a leer los procesos, construir un discurso distinto, dominar el miedo y trabajar para que no se nos oxide la indignación y la esperanza.

Esta es la apuesta de un grupo de reporteros mexicanos que desde 2006 –antes sospechar siquiera que México se convertiría en una balacera– comenzamos a agruparnos en lo que después llamamos la Red de Periodistas Sociales “Periodistas de a Pie”.

Nuestra primera intención para reunirnos era adquirir habilidades de investigación, escritura, planteamiento informativo y nuevos conocimientos que nos permitiera empoderar en los medios de comunicación para los que trabajamos las notas sociales (salud, educación, derechos humanos, ecología, migración, las tendencias sociales, etc…) que para nosotros es información vital que le permite al ciudadano entender por qué le pasa lo que le pasa, pero para los directivos siempre son las notas de relleno. Porque los espacios los tienen copados las notas políticas, judiciales, económicas, los espectáculos o la publicadad.

Para reforzar nuestro trabajo empezamos a contactar a expertos en desarrollo social o periodistas destacados de otros países que estaban en México de paso, a quienes interceptábamos, los llevábamos a cenar o a desayunar a cambio de que nos dieran una charla. Que, siempre, inevitablemente, terminaba en cómo hacer una cobertura con enfoque de derechos humanos.

A partir de 2007, varios del grupo fuimos enviados al frente de batalla. A mí me asignaron la cobertura de Ciudad Juárez, el epicentro de la violencia mexicana, que desde entonces se convirtió en la ciudad que más muertos produce en el mundo. Confieso que varios no sabíamos los nombres de los cárteles de la droga que disputaban terreno, pero sí teníamos entrenamiento para detectar los fenómenos que provoca la violencia en la sociedad.

Así, varios empezamos a describir las desgracias de los pueblos pobres obligados al cultivo de amapola, la tragedia del juvenicidio (jóvenes que matan jóvenes), el drama de los pueblos exiliados por la violencia, las denuncias de los presos que fueron torturados para autoinculparse como sicarios, el aumento a las violaciones de los derechos humanos. A las redacciones no tardaron en llegar personas con fotos en la mano, del familiar desaparecido por el ejército, la policía, los narcos o por causas desconocidas que después se convirtieron en multitud.

La emergencia nos obligó a reforzar las capacitaciones: en La Red organizamos cursos sobre los riesgos de la militarización, la cadena del narcotráfico (desde el cultivo al consumo), los temas sociales que cruzan con los de la seguridad, la experiencia del conflicto colombiano, cómo entrevistar a niños traspasados por la violencia, cómo protegernos o de qué manera se defiende la libertad de expresión.

Y así, avanzamos a contramano del discurso oficial que anuncia como victoria el asesinato de más 28 mil mexicanos en esta guerra, y que el 90% de ellos lo merecía porque eran narcotraficantes. También fuimos a contracorriente del lenguaje de la muerte de los narcotraficantes que elaboran un performance macabro con los cuerpos de sus rivales para infundir más terror y que pretenden despojar de toda humanidad a sus víctimas.

En esta encrucijada, varios periodistas nos aferramos a dar rostro a las cifras de muertos, a rescatar sus historias, saber qué edades tenían, dar a conocer el impacto que su ausencia causa en su familia, en su barrio, en la comunidad y por qué esa nueva muerte tendría que dolernos (o al menos preocuparnos) a todos.

Claro que llega un momento en que la anécdota individual se agota, que la sociedad no está dispuesta a seguir tragedias personales. Esto que nos obliga a construir de manera distinta los relatos y sumar las tragedias individuales para darles la dimensión de fenómeno social.


“¿Quién hizo la tarea”, pregunta al inicio de la sesión la psicóloga que conduce el grupo. Ninguno de los alumnos se anima a responder. Se mantienen silenciosos en las bancas. Ella les recuerda que la tarea consistía en regalar la ropa de su difunto para avanzar en el proceso de duelo. O al menos intentarlo.

De entre el público, una mujer comenta que a ella le “dio cosa” regalar los trajes caros que se compraba su hijo, un policía que se distinguía por su elegancia y pulcritud, hasta que lo rafaguearon. El comentario da pie a que un anciano pregunte si está mal platicar todos los días con la foto del hijo que le balearon en la calle. Una obrera confiesa que no se anima a deshacerse de las pertenencias de su esposo porque sigue desaparecido, pero que se sintió bien al regalar las de su hijo asesinado, para que otro las aproveche.

Las terapias del duelo en Ciudad Juárez fue uno de los reportajes donde reflejé los talleres de un colectivo religioso recién organizado para sanar a las familias a las que la violencia les había arrebatado a uno o varios familiares. Esa sirvió como un espejo, doloroso, en la que reflejaba el profundo daño social.

Durante un año y medio pregunté a cada una de las organizaciones sociales si habían creado algo para las familias de las miles de personas asesinadas en la ciudad, pero ellas me respondían que la violencia los rebasaba, los tenía pasmados. Lo descubrí cuando leí un letrero en una calle que invitaba a las familias en duelo a talleres en una iglesia.

En todos los conflictos armados, abundan las víctimas y debemos de hallar la manera de explicar por qué su sufrimiento concierne a la sociedad entera. Desde el inicio, gracias a las capacitaciones que recibimos de los colegas colombianos y por nuestra formación en temas sociales, los reporteros de La Red optamos por visibilizar a las víctimas porque los violentos siempre tienen espacio asegurado en los medios de comunicación, siempre tienen reporteros detrás cubriendo sus pisadas y siempre son los protagonistas.

Tocar el dolor ajeno es una tarea delicada, para la que se requiere preparación, paciencia y tiempo. Las personas que han sido víctimas de la violencia muchas veces tienen miedo, no quieren hablar o ven a los periodistas como buitres de la desgracia ajena.

También se requiere evitar construir en el imaginario de nuestros lectores la idea de todas las víctimas como indefensas, carentes de opciones y de derechos. Por eso es importante visibilizar a las personas de otra talante, las que tomaron el timón de su desgracia y, a contracorriente, exigen que sus derechos les sean restituidos o se organizan para ayudar a otros.

Se requiere un reporteo sistemático y de largo plazo para detectar los momentos en que los ciudadanos se organizan, pierden el miedo y resisten con dignidad. No hay lugar donde no surjan colectivos de madres en busca de sus hijos desaparecidos, familias unidas en la investigación del asesinato de sus miembros, estudiantes conectados a través de tuiter que se oponen a la violencia o artistas que salen a la calle con misión de recuperarla como espacio para los ciudadanos.

Al visibilizar sus actividades (cuidando no ponerlos en riesgo) abrimos una ventana de esperanza en momentos en los que pareciera que no queda más que esperar. Con esas historias logramos que la población recupere la autoestima, se reconcilie con su situación, busque a otros para trabajar en colectivo y damos otro rostro de las víctimas como individuos que, pese a la tragedia, no están vencidos.


El costo en vidas por la violencia ha sido tan alto que no hay guarderías, salones de clases, talleres de verano, clases de catecismo o torneos deportivos a los que no se asomen los hijos o hijas de las personas asesinadas. A donde no lleguen los llamados “huérfanos de los ejecutados”, que irrumpen como un nuevo colectivo de fácil ingreso.

Son tantos que reciben terapias colectivas. Para ellos, organizaciones como Casa Amiga han creado ejercicios terapéuticos específicos como el siguiente, que guía una psicóloga que, en medio de una relajación, les dice: “…ahora, así, acostadito como estás, con tus ojos aún cerrados, tu cuerpo ya relajado, trae a la mente a tu papá… el momento que te enteraste de su muerte… siente tu propio corazón… ¿Cómo está ese corazoncito? ¿Qué sintió? ¿Qué carita puso?…».

Cuando los conduce a la salida del sueño profundo, la terapeuta les sugiere que dibujen lo que visualizaron y en los papeles van surgiendo corazones cortados, otros envueltos en lágrimas, algunos maltrechos por profundas cicatrices. Entonces les propone curarlos y ellos van colocando curitas, cintas adhesivas, kleenex, florecitas. Los colorean hasta dejarlos bonitos. Hasta que remiendan algo de las cicatrices que les lastiman el alma.

El reportaje de las terapias para niños y niñas huérfanos por la violencia movió a 60 psicólogos chihuahuenses a crear una red de terapeutas dedicados a aliviar el dolor social por la sobreexposición a la violencia, que se estrenó –dos meses después– atendiendo a la recién creada red de familias con miembros desaparecidos.

Las dos redes fueron noticias esperanzadoras dentro del contexto de desolación que se vive en muchas regiones del país: la última es de madres de los jóvenes desaparecidos, que junto con activistas de derechos humanos, se intercambiaron tips legales y psicológicos, y estrategias de lucha política y ante tribunales internacionales, para continuar la búsqueda y obligar al Estado a investigar a los desaparecidos.

De la misma manera como los cárteles mafiosos se internacionalizan, buscan aliados por el mundo, socializan métodos para seguir haciendo negocios y trasnacionalizan sus conocimientos, así estos ciudadanos que he encontrado en mi cobertura intercambian estrategias de acción y sobrevivencia.

Los periodistas somos clave en este proceso de empoderamiento ciudadano, ya que visibilizando a los actores que provocaron el cambio (cuidado no ponerlos en riesgo) y exhibiendo las estrategias que han dado resultado, podemos colaborar a quitarle a la gente la parálisis del miedo y brindamos herramientas para la construcción de un mañana distinto.

Este artículo fue publicado en el número de Primavera de 2011 en la Revista de las Américas de la Universidad de Harvard, bajo el título: Building Justice through Journalism. Se puede leer completo en el siguiente link: http://www.drclas.harvard.edu/publications/revistaonline/spring-summer-2011/ashes-violence

Periodistas de a Pie :: Periodistas mexicanos se reúnen para vencer el miedo

Por: RedacciónPublicado: 27.10.2011

Texto y Fotos: Gonzalo Ortuño López

El sociólogo Johan Galtung afirmó hoy durante la presentación de su libro Reporteando conflictos: una introducción al periodismo de paz, que los medios de comunicación en México están focalizando demasiado su atención en la violencia y no en los orígenes y soluciones de un conflicto social.

Violencia es el humo y el conflicto no resuelto es el fuego, periodistas son humistas, especialistas en humo, ay que cambiar eso afirmó el profesor y fundador del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Oslo.

Galtung detectó características en la formación social mexicana que aseguró rayan en lo patológico: Combinan una pobreza insufrible con una desigualdad igualmente insufrible, esta formación lanza a México a una pista hacia el suicidio. Ustedes pueden sacar al ejército y matar a todos los narcotraficantes, este problema va a producir exactamente lo mismo. Hay que centrarnos en el conflicto y las soluciones.

El pacifista noruego aclaró que no está en contra de reportear la violencia, pero que se debe ampliar también el espacio para acciones que contribuyen a la formación de paz: La presencia de paz no se registra, sólo la de la violencia. El periodista no debe actuar como pacifista, sino como una persona trasparente, la transparencia es la meta.

Para Galtung en el periodismo de paz es necesaria la difusión equilibrada de las partes en un conflicto, una simetría al reportear información: tenemos verdades y mentiras por todos lados. Puede sacar un riesgo (al ejercer el periodismo de paz) pero el internet nos permite un contacto directo, con diálogo. Es una mentira que siempre ay que tener noticias negativas.

En su intervención, destacó el trabajo de la periodista Marcela Turati y su organización con mujeres colegas para la creación de un periodismo de paz: Hay una orientación hacia la gente común, el reportaje que publica Marcela sobre la gente muy humilde, es bastante bueno. Hay que entender que en generalmente las mujeres son muy orientadas hacia la paz, tienen una sensación latente de compasión con las víctimas”.

El activista noruego cerró su presentación con insistencia en enfocar la situación de las víctimas de la violencia, de las alternativas que tienen los de más abajo y las iniciativas optimistas de medios que pueden llegar a vender más sin reproducir los patrones de violencia acostumbrados y así sobrellevar la competencia de un mercado neoliberal.

Periodistas de a Pie :: Pronunciamiento de PdP ante agresiones a periodistas en el DF‏

Por: RedacciónPublicado: 03.10.2011

Reflexiones sobre la rendición de cuentas en México

Margarita Torres Almanza

La participación ciudadana es fundamental para el fortalecimiento de las democracias, pero, ¿de qué manera debe ser esta participación?, ¿qué herramientas tienen las y los ciudadanos a la mano para poder ejercerla?, ¿cuáles son los alcances de esta participación en un ámbito permeado en buena parte por la opacidad y la corrupción? Éstas y otras interrogantes se discutieron durante los dos días de diálogo abierto en el Primer Seminario Internacional “Hacia una política de rendición de cuentas en México”, organizado por la Red por la Rendición de Cuentas, el Ifai y el Cide.

Si es necesario hablar de conclusiones, es indispensable decir que todavía queda mucho camino por recorrer, y que ni la sociedad por su cuenta, ni las organizaciones civiles por su lado, ni las investigaciones periodísticas, ni las iniciativas de funcionarios y órganos de gobierno son suficientes por sí solas. Se requiere de una colaboración activa y permanente, donde cada uno de los actores determine sus acciones, reconozca sus alcances y sus límites, así como las alternativas a las que se pueden recurrir cuando los caminos parecen cerrarse. Pero esto, nuevamente, requiere del reconocimiento, del diálogo y de mantener la certeza de que este trabajo activo formará parte de la transformación de las procesos democráticos.

Apostar por la rendición de cuentas, la transparencia y el acceso a la información no es una tarea sencilla, en esencia exige valorar el derecho a la información en su justa medida. ¿Cuál es? Reconocer que sin este derecho poco comprendemos nuestro entorno. El acceso a la información pública es apenas una parte de este derecho, pero sin el cual se corre el riesgo de que la impunidad prevalezca ante el mal manejo, en todos los niveles de gobierno, del dinero que ciudadanas y ciudadanos aportamos, aquel destinado para el bienestar de la sociedad.

¿Por qué seguir en esta ruta? Para apostar por un sentido de comunidad que nos ayude a construir un mejor espacio público.

Más información sobre el seminario internacional en: http://www.rendiciondecuentas.org.mx/

¿Es posible una comisión de la verdad para México?

Por: Marcela Turati

Dedicado al primer aniversario de Nuestra Aparente Rendición, por ser un espacio de documentación para la memoria, una Comisión de la Verdad en tiempo real.

Para crear en México una Comisión de la Verdad que esclarezca las responsabilidades de la violencia actual debe articularse primero una estrategia de documentación del horror en el que las personas que brinden testimonios y las víctimas no queden expuestos a más riesgos y en el que se tenga acceso a documentos oficiales.

Es la opinión del experto vasco en reparaciones, Carlos Martín Beristain, coordinador del informe “Guatemala Nunca Más” –al lado del obispo asesinado Juan José Gerardi– y asesor de las comisiones de la verdad de Perú, Paraguay y Ecuador, qien señaló que la investigación de hechos debe asentar los impactos de la violencia, los mecanismos que hicieron posible el horror y las responsabilidades del Estado en los hechos.


“Falta una investigación en serio de cuáles son los mecanismos que están haciendo posible la violencia en los niveles en que se da en México, más allá de casos fragmentados debe investigarse cuáles son las estructuras clandestinas de inteligencia del Estado o del crimen organizado y las relaciones entre ellas que pueden derivar en responsabilidades”, dijo.

Este perito ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y asesor de la Corte Penal Internacional señaló que si no se genera desde ahora una dinámica de documentación en un par de años cuando se requiera revisar el pasado “se habrá perdido la mayor parte de la información”.

“Es el momento de prepararla y pensarla según los estándares internacionales. No hay que esperar a que pase la violencia para hacerlo. Pero para que funcione se necesitan también condiciones políticas como un acuerdo parlamentario o gubernativo que le de cobertura y poderes para consultar archivos, llamas a declarar a miembros de instituciones del Estado o particulares, etcétera”.

Junto con la documentación de las estructuras del terror debe quedar claro el impacto social causado por la violencia, las consecuencias que ha desencadenado, cómo ha azotado cada región, con qué tipología, así como los mecanismos que hicieron posible este episodio histórico.

El médico y doctor en psicología social señaló que el primer mandamiento de este tipo de procesos es proteger a las víctimas para que no las vuelvan a victimizar pues en varios procesos como el colombiano algunos sobrevivientes de masacres que se atrevieron a rendir su testimonio fueron asesinados.

“Es cierto que es necesario que la gente salga a denunciar ciertas cosas públicamente pero no cuando todavía no hay condiciones de seguridad para ellos, no puedes olvidarte que estás en un periodo de violencia donde las estructuras criminales siguen activas. No se puede pensar en una acción sin la protección de la acción”.

Entre los seis puntos que presentó al gobierno el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia, se plantea la creación de una comisión que esclarezca los hechos y un sistema integral de atención a víctimas regulado por una ley.

En el encuentro en el Museo Nacional de Antropología e Historia del jueves antepasado, ante el secretario de Gobernación, Francisco Blake, Sicilia insistió en esa petición: «(la necesidad) de una Comisión de la Verdad, la Justicia y la Reconciliación o una Fiscalía Social de la Paz, cuya función sea establecer y vigilar el cumplimiento del quehacer público y la visibilización de todas las víctimas -sean inocentes o culpables-, de las investigaciones y sentencias e indemnizaciones a las familias de los inocentes».

El poeta Sicilia expresó la necesidad de crear un sistema de atención a víctimas que quede establecido en una ley, así como mecanismos para el esclarecimiento de los hechos que deriven en indemnizaciones y reparación de los daños causados a las víctimas inocentes, la identificación y el castigo a los agresores, el fortalecimiento del tejido social y la creación de mecanismos ciudadanos para vigilar el cumplimiento de las medidas.

Esto a semejanza de lo ocurrido en países como Guatemala, Chile, Argentina o Perú, donde se han creado comisiones investigadoras de las violaciones a los derechos humanos cometidas en periodos definidos, o leyes de reparación para víctimas como en Colombia o Perú.

Martín Beristain dijo que las Comisiones de la Verdad han servido para establecer los hechos del pasado, son plataformas públicas para las víctimas, catalizan un debate público sobre el pasado, colaboran para que los perpetradores de la violencia asuman su responsabilidad, delinean las reparaciones a los afectados y han establecido verdades incuestionables.

Señaló que es importante documentar lo que ocurre en México en este momento y no esperar, ya que si la Vicaría de la Solidaridad de Chile no hubiera documentado en su tiempo las atrocidades del pasado o si la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala no hubiera comenzado a entrevistar a los sobrevivientes de las atrocidades se hubiera perdido gran parte de la información valiosa, después, para ponerle rostro y nombre al horror.

Alerta LE: Asesinan al periodista Humberto Millán en Culiacán Sinaloa‏

Por: RedacciónPublicado: 27.08.2011

México D.F., 26 de agosto de 2011 (Cencos / Periodistas de a Pie / Prende).- Por la mañana de este jueves 25 de agosto fue encontrado el cuerpo sin vida del periodista Humberto Millán Salazar, quien fue director del diario A Discusión y colaborador de Radio Fórmula. Millán Salazar realizó labor periodística durante más de 30 años y se especializó en temas de política. Fue conductor de Radio Universidad Autónoma de Sinaloa y conductor de noticias en la televisión local.

Los primeros informes periodísticos señalaron que Millán Salazar fue secuestrado por un comando armado a bordo de un vehículo la mañana del miércoles 24 de agosto mientras se dirigía a su lugar de trabajo. El periodista iba acompañado de su hermano a quien los agresores dejaron en libertad a petición del propio periodista. El cuerpo de Millán Salazar de 53 años de edad fue encontrado por agentes de la Policía Ministerial del Estado cerca de la carretera México 15 en la salida de Culiacán, Sinaloa (noroeste del país).

Previo a que fuera encontrado el cuerpo de Millán Salazar, el gremio periodístico de Sinaloa realizó una protesta frente a la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) para exigir su presentación con vida. Y posterior a que se hiciera pública la noticia del asesinato del comunicador, el gremio se movilizó en protesta hacia el Palacio de Gobierno del Estado para exigir el cese a las agresiones contra periodistas y justicia en el caso de Millán Salazar.

En conferencia de prensa el procurador de Sinaloa, Marco Antonio Higuera Gómez, informó que una de las principales líneas de investigación sobre el móvil del asesinato será la labor periodística que realizó Millán Salazar; asimismo, informó que la Procuraduría General de la República (PGR) coadyuvará en las investigaciones y convocó al gremio a dar seguimiento puntal al caso.

Por otro lado, debido a la grave situación de violencia que atraviesa la entidad otro periodista, Luis Enrique Ramírez, cercano a Millán Salazar, recurrió al exilio ya que según las propias declaraciones del periodista “en Sinaloa no existen condiciones de seguridad para ejercer el periodismo… Preferimos callar, poner distancia de por medio, y hacer lo posible por vivir” publicó en su última columna del blog Fuentes Fidedignas y se despidió de sus lectores.

Con el asesinato de Humberto Millán Salazar se eleva a siete la cifra de periodistas asesinados y un desaparecido en 2011. Cabe mencionar que particularmente en las últimas semanas del mes de agosto se ha registrado un incremento de agresiones contra la prensa en el país, que van desde físicas y materiales, judiacilización hasta el asesinato, evidenciando la desprotección en la que las y los periodistas realizan su labor, lo que constituye una violación a la libertad de expresión.

El principio 9 de la Declaración de Principios Sobre Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señala que: “El asesinato, secuestro, intimidación, amenaza a los comunicadores sociales (…) viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”.

Es por esto que las organizaciones firmantes hacemos un llamado al gobierno del estado de Sinaloa y al procurador Mario Antonio Higuera Gómez y a las autoridades responsables de impartir justicia, a llevar cabo las investigaciones conducentes, así como proteger al gremio periodístico en el estado, especialmente la vida del periodista Luis Enrique Ramírez.

Las organizaciones firmantes expresamos nuestras condolencias a la familia de Humberto Millán Salazar y a sus colegas cercanos; asimismo, enviamos nuestra solidaridad con el gremio periodístico de Sinaloa.


Información adicional:

Para mayor información favor de comunicarse con Daniela Hernández, Área de Educación e Investigación de Cencos, +52 (55) 55 33 64 75 / 76 Ext. 108 [email protected] .

  • Cencos fue la primera organización en denunciar las agresiones contra periodistas en México, iniciando está actividad a mediados de los años setenta. Busca promover la libertad de expresión y la libertad de prensa como un derecho individual de los y las periodistas y como derecho colectivo de la sociedad en su conjunto.
  • La Red “Periodistas de a Pie” es un grupo de periodistas en activo que se fundó con el objetivo de impulsar la profesionalización entre periodistas y mejorar la calidad informativa, desde una mirada social, que de voz a quienes no tienen acceso a los medios de comunicación y basada en los derechos humanos. A partir de 2010 la Red incorporó a sus objetivos de trabajo la defensa de la libertad de expresión y del derecho a la información.
  • Prensa y Democracia (PRENDE) inició actividades en el semestre Otoño 2004, con la misión de actualizar y profesionalizar a periodistas mexicanos en activo de todos los medios de comunicación, impresos, electrónicos y de internet. La visión con la que abordamos este proyecto descansa en la idea de que la educación es el factor determinante para elevar la calidad en el manejo de la información pública por parte de los profesionales del periodismo en nuestro país, como condición para tener ciudadanos mejor informados y capaces de ejercer sus derechos humanos, civiles, políticos y sociales.

Concurso de Reportaje escrito “´Género y Justicia”

La Red de Periodistas de a Pie invita al concurso de Reportaje escrito “Género y Justicia”.

Consulta las Bases para el concurso aquí

Periodistas de a Pie :: Concurso de Reportaje escrito “´Género y Justicia”

Por: RedacciónPublicado: 22.08.2011

La Red de Periodistas de a Pie invita al concurso de Reportaje escrito “Género y Justicia”

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Periodistas de a Pie :: La descomposición nacional

Por: Marcela TuratiPublicado: 25.07.2011

Por Marcela Turati para la Fundación Tomás Eloy Martínez

La morgue de Matamoros es una sucursal del purgatorio. Tras hacerse público el hallazgo de fosas llenas de cadáveres en San Fernando, Tamaulipas, cientos de personas de todo el país acudieron para saber si sus desaparecidos –de los que no habían hecho la denuncia por puro temor– están ahí, entre los ejecutados. Los trámites son lentos y dolorosos… más cuando las respuestas tardan en llegar y aún más cuando se sabe que muchos cuerpos fueron enviados al Distrito Federal porque esta ciudad, “La Meca” de los desaparecidos, ya no se da abasto…

MATAMOROS, TAMPS.- El hedor traspasa las paredes de la morgue. Se cuela por escuelas, negocios y casas, impregna la ropa, atasca las gargantas, encoge la nariz, provoca náusea, obliga a apurar el paso. En el edificio blanco donde se origina la peste hay 71 cuerpos en el piso, unos sobre otros, que esperan su turno para la autopsia. En el estacionamiento, un tráiler de esos que podrían transportar frutas, sirve como depósito para otros 74 cadáveres envueltos en bolsas de basura y amortajados con cinta adhesiva que lleva escrito el lugar de su hallazgo.

Las carrozas fúnebres llegan cada tanto con otros cuerpos recién desenterrados. En el último conteo eran 145.

Los cementerios clandestinos descubiertos en el municipio bisagra de San Fernando –que une a Reynosa y Matamoros con Ciudad Victoria– evidencian el nivel de descomposición de la narcoguerra. Cada fosa es prueba del encubrimiento oficial a la anormalidad cotidiana: las carreteras controladas por criminales, las matanzas cotidianas, el subregistro de muertos, las desapariciones masivas de personas, la primitiva barbarie de los grupos enfrentados, el reclutamiento forzado de jóvenes para la guerra, la cómplice indiferencia de la justicia y el obligatorio silencio ciudadano.

“Hasta ahora se dieron cuenta de lo que pasa. ¿Ya cuándo?, si mi marido y su compadre iban a León a dejar unos carros y nunca llegaron a Victoria y vivo sin una noticia, ¡nada!”, reclama una rubia con lentes oscuros y palabras atascadas por las lágrimas.

“Desde el año pasado había ya muchas denuncias pero no nos oían, era como hablar abajo del mar”, dice furiosa una tamaulipeca flaquita y ágil que de la cajuela de un auto descarga garrafones de agua potable. Los deposita bajo la lona improvisada como albergue atendido por espontáneos que alimentan y consuelan a los fuereños que llegan para cotejar si sus familiares, los que un día no llegaron, están entre los desenterrados.

Matamoros, Meca nacional de las familias con desaparecidos. “No habíamos denunciado nunca. Apenas nos animamos porque están sacando tanta gente de las tumbas y vimos en las noticias que llegaron muchas familias”, reconoce el padre de Leonte Silva Hernández –criador de pollos, padre de tres hijos y desaparecido en noviembre en San Fernando–, de quien no había denunciado la ausencia por miedo a que “lo tormenten”.

Los sepulcros removidos atrajeron a tamaulipecos de todos los puntos del estado, que aquí son mayoría, pero también a personas de Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Hidalgo, Distrito Federal, Zacatecas, Michoacán, Jalisco o Guanajuato que sospechan que sus familiares fueron capturados en alguna de estas carreteras de la muerte.

La pesadilla ocurrió en San Fernando –municipio vecino controlado por Los Zetas, que desde el año pasado está en guerra contra el cártel del Golfo, su origen–, el mismo que escandalizó al mundo en agosto pasado por el hallazgo de 72 migrantes centro y sudamericanos asesinados.

El nuevo encuentro de ocho fosas clandestinas con 59 cadáveres ocurrió el 6 de abril y destapó la podredumbre: los criminales asesinaban a los pasajeros de los autobuses que transitaban por la carretera de San Fernando, como ocurrió en tres corridas a finales de marzo.

El Ejército detuvo a varios implicados que señalaron los sitios de las excavaciones, y a 11 policías locales cómplices. Hasta el viernes 15 ya eran 145 los cadáveres exhumados de decenas de fosas.

Un ama de casa de Ciudad Altamirano, Guerrero, se mantiene inmóvil, recargada contra una pared de la oficina de servicios periciales. Es la presentida viuda de uno de los pasajeros del ómnibus que iba a Reynosa, donde su esposo y seis compañeros intentarían cruzar a Estados Unidos.

“Como no llegó pedimos hablar con el chofer para preguntarle, pero en la terminal nos dijeron que no reportó nada. Los de los autobuses sospechaban que les faltaba gente porque “sobraban maletas”. Hasta después el chofer nos confesó que, entre las siete y las ocho de la mañana del 29 de marzo, unos hombres armados bajaron a todo el pasaje, como a 25 gentes, y nomás dejaron irse a las dos mujeres que iban, al chofer y su ayudante”, cuenta esta madre de cuatro hijos que lleva una mochila con ropa como único equipaje.

Ninguno de los guerrerenses denunció la desaparición porque esperaban que los secuestradores pidieran rescate, como es la usanza. Entonces supo por las noticias que los cuerpos de los pasajeros eran albergados en esta morgue.

“Tengo tres días aquí, dicen que no puedo verlos, que los cuerpos están muy descompuestos… si está vivo o muerto lo quiero encontrar”, dice triste y asustada: “Borre el nombre de él, dicen que a veces los tienen vivos y si se publica, los matan”.

Otra mujer de Arcelia, Guerrero, hace fila para que le tomen la muestra de ADN para sacar a su hijo de entre los cuerpos apilados en las bolsas de basura: “Es jornalero, iba a Reynosa, salió el 28 de marzo en uno de esos camiones”.

Los forasteros que llegan a la morgue tienen que hacer al menos cuatro filas que duran horas: dos para denunciar la desaparición, dos para dejar su sangre para el cotejo genético.

En la recepción de la oficina de servicios periciales, en el tiempo de espera se escuchan las inquietudes comunes:

–Señorita, ¿no nos podrán poner las fotos de los muertos? –pregunta un ranchero anciano.

–No. Quedaron irreconocibles por el paso del tiempo y las condiciones de su muerte –contesta la recepcionista–. Sólo describiendo las ropas, tatuajes o cadenas se puede saber. Por eso se pide que dejen esos datos porque aunque hay 100 cuerpos han venido más de 400 familias buscando.

–¿Hasta cuándo nos van a decir? –pregunta frustrada una mujer con cuatro días de espera.

–Señora, es que hay muchísima gente y tenemos que mandar los paquetes para cotejar.

La oficina parece un purgatorio lleno de personas con miradas perdidas, ojos llorosos, lágrimas escurridas. A ratos se hace el silencio de un velorio, otras veces se convierte en comunidad de autoayuda.

–A veces es mejor, de una vez, el trancazo a estar todo el día pensando si estará vivo, si lo estarán golpeando, si habrá comido –dice alguien.

–Ya ni pasa la comida, nos dan una muerte lenta –dice una joven con un bebé en brazos.

–Nosotros no queremos encontrar a mi hijo aquí. Lo queremos vivo. Ya lo hemos buscado en Reynosa, Laredo, Mier. Hasta fuimos a ver unos cuerpos quemados pero no pudimos: no quedó ni un teni, ni un pantalón y así andamos –dice la mamá del cocinero Leonel Ignacio Mancilla Silva, desaparecido en un auto particular con su jefe y dos compañeros de trabajo en la carretera a Reynosa.

Hasta 100 personas al día hacen fila para ser atendidas. Algunas se persignan al momento de tomar su turno. Una anciana nerviosa suspira y dice: “Que sea lo que Dios quiera, ¿qué más?”.

Cargando recuerdos

En el predio contiguo, los forenses enfundados en trajes quirúrgicos blancos manipulan los cadáveres. Bajan del tráiler las bolsas de basura con forma humana hasta depositarlas en el piso del Servicio Médico Forense. En sentido contrario sacan otros para subirlos al tráiler.

A quienes buscan a sus familiares se les encoge el corazón cuando miran, perplejos, la manipulación de los cadáveres dispuestos en el contenedor como si fueran cajas de fruta. “Dios quiera que mis familiares no estén aquí, no me da gusto ver cómo están sacando las personas del camión”, dice mientras se aleja apurada la cocinera Isidra Pérez Segundo, que en un mismo día perdió a su hijo, su nuera, su hija con ocho meses de embarazo, su yerno y un nieto de cinco años en la carretera. Ahora ella mantiene a Daira Yareli, su nieta huérfana a los cuatro años, que sonríe desde la pantalla del celular.

Los forenses apenas se dan abasto. A ratos salen a fumar para exorcizar el tufo agarrado a la garganta. Se abren el zíper de los overoles. En voz baja, porque tienen prohibido dar información, dicen que la mayoría de los asesinados que han revisado llevan las manos amarradas a la espalda y las camisetas sobre la cabeza. No van vendados. Pocos tuvieron una muerte rápida. Tres eran mujeres.

“Están muy golpeados, con golpes en el cráneo, como con un fierro, un tubo, un mazo. Así vienen los nueve que revisamos hoy. Unos ni siquiera se pueden evaluar, casi ninguno tiene disparo en la cabeza”, dice uno de ellos a Proceso.

Otro perito investigador que participó en la localización de las fosas explica que detectaron los cementerios gracias al “dedo” (informante) que los guió, porque no están al pie de la carretera ni a simple vista.

Tuvieron que excavar unos montículos hechos con maquinaria por los criminales para esconder a sus víctimas.

Este funcionario confirma que la mayoría fueron asesinados a golpe de marro. Como todos, adjudica el crimen a Los Zetas, que dominan la zona.

Algunos de los muertos tienen ropa de invierno. Casi todos eran pobres (“no tenían para pagar casetas, para vías más rápidas, y nadie quiso enterarse porque no eran hijos de ningún famoso”, dice).

–¿Por qué los habrán matado? –se pregunta al investigador.

–A todos los hombres, jóvenes, en edad de enrolarse, los ven como potenciales enemigos. Podría ser que están tan desesperados que los matan previniendo que se hagan sicarios del Golfo.

Además, así les impiden llegar a Matamoros y Reynosa, que controlan los contrarios.

Purgatorio nacional

Ninguna autoridad se puede decir sorprendida por lo que aquí ocurre.

Sobre todo si se miran los papeles que tapizan las oficinas con mensajes como “ayúdanos a encontrarlo” y los rostros de jóvenes como Eli Octavio, de 17 años, extraviado en la carretera de San Fernando; la quinceañera Yukan Yanay, levantada en el centro de Valle Hermoso igual que el joven Francisco Felipe Maya. Son cientos.

Quienes están aquí ya recorrieron las rutas de las narcofosas. Como el anciano Crescencio Ortiz, tamaulipeco de San Fernando, cultivador de sorgo, quien busca a su hijo Adolfo, también agricultor (“y no era ni borracho ni fumador ni jugador ni nada”, aclara).

“Desde que no volvió fue andar buscando muertos tirados, ir a verlos, caminar en la orilla de la carretera o en algún monte o en las funerarias. Pedir al Ejército que nos enseñe a los que han liberado para ver si lo vieron.”

O los familiares de Natanael Arturo y Josué Arcel, hermanos defeños que fueron a McAllen a comprar ropa para el bebé del primero. Antes de desaparecer, uno de ellos envió por celular un mensaje: “Nos acaban de secuestrar en San Fernando, no hahas nada si llega a pasar algo solo

avisale a mis papas. me metieron en la cajuela. no me vayas a llamar ni nada”. Sus padres han peinado Tamaulipas, esquivado “halcones”, acudido a morgues, procuradurías, PGR, Marina, Sedena, Policía Federal, derechos humanos, periodistas, las señora Wallace y Moreira, para recuperarlos.

La esperanza no muere. Se refugian en la oración, en adivinos o hasta en milagros. Como la anciana oaxaqueña que dice: “Quiero ir a la televisión con Laura (Bozzo) para ver si ella los encuentra”.

Los nervios se quiebran en la larga espera, como ocurre a la señora Guadalupe Alfaro cuando quiere anotar a su sobrino Jairo Daniel entre los desaparecidos que reclama hecha llanto: “¡Quisimos hacer la denuncia pero en la PGR de Reynosa no nos la quisieron tomar, que por seguridad de nosotros! ¡Aquí hay confabulación! Yo tuve que hacer volantes y dejarlos en todos los rincones. Anduve 15 días en las brechas de la carretera, sola, buscando y pidiendo en los retenes y la guarnición militar que me llamaran si aparecía un muerto o si rescataban a alguien”.

La gente explota cuando se entera de que el tráiler con los cadáveres fue enviado al Distrito Federal. Sienten que los separaron de los suyos una vez más.

“¡Los muertos son de Tamaulipas, los queremos aquí! Ya nos quedamos viudas con nuestros huérfanos, ¿para qué quieren exponernos yendo por las carreteras a buscarlos allá? ¿Quieren que maten a otros 500? ¿Cuánto más nos harán esperar para que no los regresen?”, grita con rabia la esposa de Agustín Jaime del Ángel, desa?parecido el 1 de diciembre en el “tramo peligroso” carretero.

La familia del matamorense Gonzalo García Casanova, que fue el primero en ser identificado el lunes anterior, reclama porque se lo llevaron al DF con los demás. “Si ya saben quién es, ¿por qué se lo llevan? Nomás nos hacen sufrir más”, lamenta su hermana, quien, como la mayoría aquí, no entiende por qué los “llevaron a pasear”.

Los episodios de rabia estallan contra cualquier funcionario que aparece y la gente reclama que el gobernador Egidio Torre no ha llegado a este lugar a solidarizarse y que Felipe Calderón nunca ha tomado esas carreteras. Los fuereños también reclaman porque nadie les avisó de los peligros de las carreteras.

El chofer de uno de los autobuses que diariamente viaja hasta Victoria reconoce ante Proceso los peligros conocidos por sus colegas: “Desde hace dos años mirabas en la noche o en la madrugada en las carreteras o en las brechas puro camionetón de 300, 400 mil pesos con las puertas abiertas, y puros pelados con armas largas. Por eso dejamos de viajar en

la noche. Si vas en carro ¡aguas!, que van y te cierran en las camionetas, te tumban el carro, te secuestran o te matan”.

Sangre llama a sangre

En la fila muchas madres son las primeras voluntarias para hacerse la prueba de la sangre que les permitirá reclamar al hijo. Sus esposos las esperan en los pasillos, nerviosos. También llegan mujeres con todos sus hijos por si se requieren más genes para darle al papá una tumba.

Una niña de tres años está en la fila creyendo que la van a vacunar, porque sus tíos no le han dicho que su papá, su mamá y su hermanito están desaparecidos. Otro niño zacatecano de 12 años, hijo de Enrique Vázquez Ibarra –desaparecido en Méndez cuando regresaba con un carro

usado que acababa de comprar– sostiene la foto de su papá para que lo fotografíen, mientras su tío comenta que “lo agarraron frente a la escuela, llegaron, lo cargaron, lo echaron pa’rriba”.

La mayoría de los tamaulipecos nunca había denunciado la desaparición.

Por miedo.

Con las historias que se cuentan en la espera se podría hacer una cartografía de los levantones y concluir que en estas tierras los jóvenes son reclutados a la fuerza como combatientes de reemplazo de los exterminados todos los días.

“Mi hijo iba a cumplir 22 años, trabajaba en un Oxxo, el 8 de enero se lo llevaron del trabajo. Fue en Valle Hermoso. No pudimos denunciar porque ahí no hay autoridad.”

“El mío es José Juan Zavala (obrero, padre de cuatro niños). Salió en la mañana y no volvió. En Matamoros se llevan a muchos.”

“Yo vengo por Roberto Díaz, es ayudante de albañil, lo sacaron aquí del solar de su casa.”

“Le tocó a mi hijo César Mosqueda que se lo llevaran como a muchos otros huercos. Un amiguito vino a decirme que una camioneta lo había recogido y del susto ni la camioneta quiso describir.”

“Anote al mío: Daniel Contreras Lerma, de 16 años, y a su amigo César Homero Salazar, de 18, se los llevaron del Oxxo de cuadra y media de la casa. Así pasa en Valle Hermoso: la gente va caminando y se la llevan, o te sacan de casa, y es parejo para hombres y mujeres. Y la gente que se ha escapado no quiere decir si ahí vieron a alguien.”

“A mi hermana (Luz Elena Ramírez, madre, 30 años) le hicieron señas de un carro gris, se acercó, la tomaron del hombro y ya no supimos.”

“Yo busco a Édgar Silquero Vera, gerente de una gasolinera de San Fernando. Encontramos sólo su camioneta Expedition. Se pasean en ella los marinos pero dicen que no saben nada.”

“Mi hijo tendría ahorita unos 20 años. Se lo llevaron en un levantón en San Fernando porque se llevan a todos parejo a trabajar obligados. Pero mejor borre su nombre.”

Los peritos de la morgue se dan un descanso y vuelven a salir a fumar.

Es el jueves 14. Han trabajado toda la semana y les acaban de informar que llegará otra camioneta con una docena de cuerpos.

En los noticiarios del día se anuncia que el gobierno estatal impulsará el estado como destino turístico para Semana Santa. “¡Ya ni la chingan estos cabrones!”, comenta un ministerio público enojado.

Un reportero local que observa el cansancio general comenta: “Y eso que falta que excaven todos los de Camargo, Alemán, Guardado de Arriba y de Abajo, los poblados Los Guerra y Comales, Ciudad Mier, Valle Hermoso, Anáhuac, Cruillas, González Villarreal, Nuevo Padilla, Nuevo Guerrero…

Todo el estado está lleno de fosas clandestinas”.

Todo alrededor apesta.

Texto original de la Fundación Tomás Eloy Martínez

Periodistas de a Pie :: Noche de Farra Periodística Cabaretera

Por: RedacciónPublicado: 21.07.2011

Fotografía Belén Kemchs

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